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DECLARACIONES DESAFORTUNADAS ANTES, DURANTE Y DESPUÉS DEL REFERÉNDUM

Grecia también sirve para tirarse los trastos a la cabeza

Alberto López Marín
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albertolopezelimparciales/13/7/13/25
martes 07 de julio de 2015, 11:35h
Actualizado el: 10 de julio de 2015, 08:54h
La 'alta' política española ha protagonizado antes y después del referéndum griego un espectáculo poco constructivo apoyado, como tantos otros, en los cálculos de cara a las generales.

Luis de Guindos. Efe"Si gana el 'no' en Grecia, no le quedará más remedio que salir del euro", sentenció Mariano Rajoy la pasada semana. Ya entonces, las declaraciones del presidente tuvieron trascendencia al ser notablemente más radicales que las de los principales socios europeos o su ministro de Economía, Luis de Guindos.

La imprudencia sólo puede explicarse en que Rajoy tuviera la corazonada del 'sí'; en que, más difícil aún, creyera que los griegos iban primero a escucharle y, segundo, a hacerle caso o, por último, en un nuevo error de comunicación bien por mal asesoramiento o por no dejarse aconsejar, quedando descartada la falta de experiencia en política.

La noche del domingo, su colega Antonis Samaras, a quien apoyó para derrotar a Syriza, su Podemos, dimitió incluso antes de conocerse el escrutinio al completo. Ahora Rajoy tiene prisa. El asunto le quema y no le beneficia que se alargue en el tiempo.

Por este motivo, ha viajado a Bruselas con la intención de pedir que se agilice una nueva ayuda a Grecia. El objetivo es que vuelva el silencio, que el proceso electoral pueda desarrollarse sin interferencias exteriores, demostrado fracasado y caduco un discurso del miedo que ya no asusta ni en España ni fuera.

No menos papelón tiene ante sí Pedro Sánchez. Su mensaje es tibio porque sabe del doble filo de posicionarse claramente. El secretario general del PSOE "respeta" la opinión de los griegos, pide "responsabilidad" a Tsipras y a la UE, "solidaridad" con el sufrimiento de los ciudadanos. Grandes palabras que, sin materia concreta dentro, carecen de sentido hasta para sus compañeros, alguno de los cuales, caso de la siempre crítica Beatriz Talegón, se ha marchado.

Pedro Sánchez. EfeSánchez apoyó el 'sí' y, triunfado el 'no', busca la manera de restar peso a su apuesta –también porque beneficia a Podemos- sin menospreciar la voluntad expresada en las urnas u opinando que los griegos se han equivocado, como sí ha hecho Rajoy. A uno y otro les conviene que la actualidad se enfríe, se 'nacionalice' nuevamente y, puestos a elegir, que a Tsipras no le salgan los planes, que bastante crecido anda ya Pablo Iglesias.

Albert Rivera también ha sido criticado por sus lecturas previas y posteriores a la consulta. Antes del domingo, se centró en afirmar que los griegos debían votar por no abandonar Europa ni el euro, extremo que no se votaba en ese proceso, como aclararon Tsipras y Yanis Varoufakis en repetidas ocasiones.

Después, afeando la conducta de los griegos, opinó que es "preocupante que los extremos se toquen" en la celebración del 'no', aludiendo a la alegría de Syriza o Podemos y también del Frente Nacional de Marine Le Pen. No tardaron en recordarle a Rivera el listado de formaciones dentro y fuera de Cataluña contrarias a la independencia al igual que Ciudadanos, entre las que hay opciones no precisamente centradas ni constitucionalistas.

Para completar la jugada, Luis Caricano, 'gurú' económico de Rivera, defendió que los griegos se comportaron como "adolescentes" el domingo, poniendo en cuestión la inteligencia y el criterio de los electores. No tardaron en lloverle reproches por su cuestionable concepto de democracia.

Malos cálculos en las reacciones, torpes en algunos casos, al tiempo que Pablo Iglesias aprovecha para disparar contra todos los anteriores. Sin embargo, escaso rédito saca al 'éxito' de un Tsipras que ha salido indemne de un referéndum, un proceso abierto y libre, precisamente lo que un muy amplio grupo de militantes de Podemos pide a su líder para elegir el candidato a las elecciones. De momento, se estrellan contra un muro. Iglesias también lo hará, en las urnas, si no cede.

Grecia sirve en la política española para lo de siempre, una infatigable pero fatigosa pelea por llevar la razón que para posteriores ocasiones debería plantearse a más largo plazo y con mayor altura o, como en esta ocasión, la propia opinión pública se dará cuenta rápidamente del interés electoralista a costa esta vez de un país sumido en el 'corralito' del que sólo parece importar si le va bien o mal a su primer ministro.

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