Grecia, quien con populismos se acuesta…
viernes 10 de julio de 2015, 23:04h
Este fin de semana llega la hora de la verdad para Grecia. Ya no hay más tiempo. El Gobierno de Alexis Tsipras ha enviado una nueva propuesta que será debatida por las instituciones europeas. Las primeras reacciones a lo planteado por el primer ministro griego han sido positivas. Así, el jefe del Eurogrupo, Jeroen Dijsseebloem, ha asegurado que el plan presentado es un “texto pormenorizado” y “meticuloso” y François Hollande se ha declarado especialmente satisfecho asegurando que la propuesta es “seria y creíble” y que Grecia “muestra una determinación a permanecer en la zona euro”. Por su parte, el primer ministro italiano, Matteo Renzi, ha manifestado su esperanza de que se pueda llegar a un acuerdo sin más dilaciones. No obstante, no deja de haber reticencias y no todo está tan claro.
El propio Dijsseebloem ha dicho que habrá que estudiar el plan con más detalle y comprobar si los números cuadran, subrayando sobre todo que la propuesta exigiría un amplio apoyo en Grecia para tener mayor credibilidad. Y en esta misma línea se han pronunciado varias voces alemanas, que recalcan lo extraño de que Grecia presente ahora un programa que acepta básicamente las condiciones de la Unión Europea. Un programa que Tsipras y su coalición de izquierda radical Syriza veían antes como poco menos que diseñado por el diablo con el fin de humillar a los griegos y que, a instancias del propio Gobierno, fue rechazado por estos en el reciente referéndum.
Grecia ha pedido un tercer rescate y lo que sí está claro es que si no lo logra con urgencia la situación -el “corralito” se ha ampliado por lo menos hasta finales de la próxima semana- se volverá absolutamente insostenible. Si el Ejecutivo de Syriza está realmente dispuesto a cumplir el plan al que antes se oponía con uñas y dientes, lo menos que se le puede decir es que para este viaje no hacían faltan estas alforjas, cargadas de sufrimiento e incertidumbre sobre todo para el propio pueblo griego. Un pueblo al que ahora tendría que convencer de todo lo contrario a lo que le incitó en el referéndum. Pero dado el comportamiento de Tsipras en todo el largo proceso de negociación -con la guinda del dislate del referéndum-, no es mala fe sino cautela albergar dudas sobre sus verdaderas intenciones. No estaría de más que el laberinto en el que Syriza ha metido a la ciudadanía griega fuera aviso de navegantes, pues quien con populismos se acuesta….