www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

BIOGRAFÍA

A. Bikont y J. Szczęsna: Trastos, recuerdos. Una biografía de Wislawa Szymborska

domingo 12 de julio de 2015, 15:11h
Actualizado el: 07/12/2015 18:39h
A. Bikont y J. Szczsna: Trastos, recuerdos. Una biografía de Wislawa Szymborska

Traducción de E. Bortkiewicz y E. Quirós. Pre-Textos. Valencia, 2015. 676 páginas. 29,70 €. Monumental biografía de la Premio Nobel 1996, "poeta de la conciencia" y voz imprescindible de la lírica polaca del siglo XX.

Por Inmaculada Lergo Martín

“Nos dejó bastante para leer y bastante para pensar”, dijo de ella Michal Rusinek en su funeral. Hablo de la poeta polaca Wislawa Szymborska (1923-2012), Premio Nobel de Literatura 1996, cuya biografía se recrea en estas casi 700 páginas de texto y abundante documentación gráfica, y que traducida al español edita ahora Pre-Textos.

Szymborska perteneció a una generación de grandes nombres como Czeslaw Milosz (también Nobel en 1980), Zbigniew Herbert o Tadeusz Różewicz. Sus inicios coincidieron con el apogeo del estalinismo; y su poemario El llamado del Yeti (1957) supuso un importante impulso para el reconocimiento de la poesía polaca. Tras él, sin embargo, abandonó el condicionamiento ideológico del “realismo social” imperante.

Szymborska se había afiliado al POUP en 1950 y comenzó escribiendo poemas que cumplieran con su dictado. Colaboró activamente con la revista życie Literackie, afín al Partido, de forma que su espejismo de una URSS liberadora y amante de la paz frente a los “asesinos” e “instigadores” capitalistas formaron parte de su primer ideario: “Yo creía entonces que la salvación de Polonia y la humanidad pasaba por el comunismo. Y estaba segura de hallarme en posesión de la verdad”. Con el paso del tiempo Wislawa confesó que si no fuera por la tristeza y el sentimiento de culpabilidad, las experiencias de aquellos años fueron positivas y le sirvieron para saber lo que es tener fe en una única verdad; y lo fácil que resulta desde ella no saber más allá de lo que se debe saber, incluso las “acrobacias mentales” de que somos capaces para no contrastar y desechar las verdades ajenas. Y, en definitiva, la llevaron a afirmar: “No considero aquellos años totalmente perdidos. Me dieron una resistencia ante cualquier tipo de doctrina que exime al hombre de la obligación de pensar por sí mismo”. Szymborska pasó entonces a ser un elemento “socialmente peligroso y nocivo” y objeto de vigilancia, según consta en la documentación oficial. Más tarde, en uno de sus poemas, escribiría: “Iba a ser mejor que los anteriores nuestro siglo XX. / Ya no le queda tiempo para demostrarlo, […] / Iban a respetarse / la indefensión de los indefensos, / la confianza y esas cosas. / Quien deseaba disfrutar del mundo, / se encuentra ante una tarea / imposible de cumplir”.

Solo tenía 17 años cuando conoció la guerra (un primer amor murió en el campo de batalla), quizá por eso consideraba que la poesía tal vez pueda acompañar los sufrimientos humanos, pero no prevenirlos. Szymborska no construyó poéticas; y siempre se resistió a reflexionar -o simplemente a hablar- de su propia poesía. Citando a Goethe, repetía que “el poeta sabe qué es lo que quería escribir, pero no sabe qué es lo que ha escrito”, y aquello de “¡oh Artista, crea, no hables”. Pero, a través de la información que aporta este volumen, comprobamos que consideraba que no es bueno sucumbir en exceso a las emociones; que no se debe caer tampoco en la trampa del verso libre e irregular si no lleva detrás un gran rigor; que la poesía no debe tener fronteras ni lugar (“¡Qué poco herméticas son las fronteras de los estados humanos / ¡Cuántas nubes fluyen impunemente sobre ellas, / cuánta arena del desierto se vierte de país a país, / cuántas piedras de los montes se despeñan hacia propiedades ajenas / dando provocativos saltos!”); y que lo fundamental es la fe en esos “poderes misteriosos” que tiene cada objeto y con ellos las palabras: “Una poeta puede haber cursado siete carreras: mas, en el momento en que se sienta a escribir, su uniforme de racionalismo empieza a apretarle en las sisas. Se revuelve, resopla, uno tras otro desabrocha los botones, hasta que finalmente todo él se desprende de la vestimenta, y aparece ante todos como un salvaje desnudo con un aro en la nariz”.

Milosz consideraba que Wislawa era “sobre todo la poeta de la conciencia”; y Jan Gondowicz apunta que la escritora mantenía las distancias frente a las grandes cosas, pero era concreta en cuanto a las pequeñas; y realmente es así, pues su obra está hecha de “instantes”. De ahí, quizá, esa atracción de la poeta por los cuadros de Vermeer de Delf. Ambos, como bien ha sabido ver Andrzej Osęka, avistaron el misterio en las actividades más cotidianas. Anders Bodegård, su traductor al sueco, define su poesía con tres palabras: “Ilusión, idioma, ironía”. Yo creo que quizá sólo sean necesarias esas dos que Szymborska utilizó para abrir su discurso del Nobel: “No sé”.

Buena parte de su poesía está traducida al español en antologías y en algunos de sus últimos poemarios como Instante (2004), Aquí (2009) o Hasta aquí (2014). Pero el acierto de sus autoras consigue en este volumen esa difícil combinación que supone presentar los acontecimientos principales de su vida, mostrar su obra y acercarnos al personaje respetándolo; porque Szymborska siempre fue fiel a su forma de ser, sencilla en sus hábitos y celosa de su intimidad. Reuniendo escritos, fotos, recuerdos…, hablando con amigos, conocidos y familia han logrado, en lo que se adivina una ardua tarea, completar una cumplida información que la propia Szymborska leyó y ratificó. Alertas a la propia personalidad de la autora, la panorámica de su vida no se detiene ni se demora en el Premio Nobel, que recibió con 73 años, sino que recorre con igual atención y detenimiento toda su trayectoria vital, completada por las imágenes. Por cierto que en ellas, sean de infancia, juventud, madurez o vejez, y en cualquier tipo de circunstancia, Wislawa muestra siempre un gesto risueño. Asoma en él esa tremenda conciencia y sensibilidad -presente siempre en su obra- a la hora de asumir las sombras y las luces de toda existencia: “Perdonad, guerras lejanas, por llevar flores a casa
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (7)    No(0)

+
0 comentarios