Referéndum surrealista
jueves 29 de mayo de 2008, 22:02h
Que la política (y más la democrática, que se juega ante la opinión pública) es toda ella simbólica es cosa bien sabida. Lo importante es, como decía Alicia, quién le pone el nombre a las cosas. Y en ese juego de nombrar, lo simbólico se aproxima a veces a lo surrealista. Un ejemplo pasmoso son las dos preguntas que el lehendakari pretende llevar a referéndum cuyo contenido mueve a la risa si se analizan al margen del embrollo vasco y que de seguir acabarán incorporadas en los manuales de lógica. Como sabemos, son dos las preguntas sobre las que se pretende hacer un referéndum. Y no deja de ser una pena que sea inconstitucional, pues sería apasionante ver qué harían los vascos sometidos a tamaña tortura. Pues hete aquí que, tras arduas reflexiones lo que se les preguntaría no es si quieren o no ser independientes, cosa clara, comprensible, y que admite respuesta, sino los dos siguiente disparates.
Primer disparate: "¿Está de acuerdo en apoyar un proceso de final dialogado de la violencia si previamente ETA manifiesta de forma inequívoca su voluntad de poner fin a la misma de una vez y para siempre?" Traducido a lenguaje comprensible: si ETA pone fin a la violencia, ¿abriría usted una negociación para poner fin a la violencia de ETA? No me digan que no es genial. Porque si ETA pone fin a la violencia, ¿para qué negociar el fin de la violencia? Y si ETA no pone fin a la violencia, ¿cómo abrir una negociación que está condicionada a que ponga fin a la violencia? El dilema es de los que vuelven locos a la gente: pues si ETA acaba con la violencia la negociación carece de sentido, pero si no lo hace la negociación es imposible. En resumen, ¿qué demonios se les está preguntando a los vascos (y vascas, olvidaba) si es que se les pregunta algo?
Segundo disparate, mayor si cabe: "¿Está usted de acuerdo en que los partidos vascos, sin excepciones, inicien un proceso de negociación para alcanzar un acuerdo democrático sobre el ejercicio del derecho a decidir del pueblo vasco y que dicho acuerdo sea sometido a referéndum antes de que finalice el año 2.010?" Traduzcamos de nuevo a román paladino. Lo que se dice es: hagamos un referéndum para decidir si los vascos tienen derecho a decidir. Fantástico. Porque, veamos, si no sabemos si tienen derecho a decidir, ¿cómo demonios van a decidir nada? Y si tienen derecho a decidir, ¿qué sentido tiene preguntárselo? De modo que ahora el dilema es, como antes, imposible: el referéndum o carece de validez (no pueden decidir porque no pueden decidir) o es inútil (ya está zanjado porque se da por supuesto que pueden decidir). Cuando eran estudiante en la reuniones de Asamblea de Facultad de Derecho (años 60) no era infrecuente votar si votábamos o no una resolución. Y siempre había algún listo que planteaba que debíamos votar si debíamos votar si debíamos votar una resolución. Al menos había una lógica: hablamos de esta cuestión sí o no. Y sabíamos otra: que podíamos decidir. Pero el lehendakari ha rizado el rizo y plantea una pregunta imposible que se muerde la cola. ¿Pueden decidir los vascos? Me temo que lo llevan haciendo muchos años aunque no sé si seguirán haciéndolo con preguntas tales. Yo me iría a mi casa a llorar. Es evidente que el lehendakari tiene muchos problemas, pero no sólo con la Constitución sino con la lógica y el sentido común.
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Sociólogo
EMILIO LAMO DE ESPINOSA es Doctor en Derecho por la Universidad Complutense y Doctor en Sociología por la Universidad de California-UCSB (1979) y desde 1982 es Catedrático de Sociología en la Universidad Complutense
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