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El gran fracaso de Syriza

lunes 13 de julio de 2015, 10:47h
Finalmente se ha alcanzado un acuerdo. Grecia no ha agotado el plazo de 72 horas que tenía, y ha aceptado, punto por punto, las condiciones que le han impuesto los socios para el tercer rescate del Estado heleno. ¿Cómo se ha llegado a este punto?

Recordemos, por ceñirnos a lo más inmediato, que la Comisión Europea le propuso a Grecia un conjunto de condiciones a la ayuda económica que se convertiría en el tercer rescate consecutivo del Estado heleno. Alexis Tsipras firmó aquéllas condiciones, con alguna modificación. Pero mantuvo el referendum que había convocado poco antes, y defendió con ahínco el “no” al acuerdo del que era parte. Es una posición absurda, en principio, pero todo el mundo lo entendió como un elemento de negociación. Ganó el “no”, con una amplia mayoría. Pero entonces no ocurrió lo que Grecia pensaba que tendría lugar. No se plegaron los socios y acreedores de Grecia a la constatación de que el pueblo mediterráneo no quiere más sacrificios. Simplemente muchos de ellos entendieron que había llegado el momento de dejar caer a Grecia del euro.

En aquéllas horas, que son las que han llenado la semana pasada, se inició una negociación en un nuevo escenario: el de la puerta del euro abierta para Grecia. El gobierno de Tsipras, entonces, tuvo que ceder, y acabó ofreciendo unos recortes mayores que los que había firmado para rechazar políticamente después en el referéndum. Esa oferta helena tuvo su contrarréplica por parte de los socios. Y Tsipras no llevo esa contrarréplica al Parlamento griego, sino su oferta, más modesta. De nuevo volvió a lograr una victoria política, al vencer en el Parlamento, pero de nuevo los socios vieron cómo el gobierno de Syriza no se tomaba en serio sus exigencias.

Las negociaciones han continuado, y el jueves parecía que se había llegado a un principio de acuerdo. Pero finalmente ha saltado todo por los aires. ¿Por qué, si Grecia se muestra ahora dispuesta a aceptar más sacrificios para hacer sostenible la deuda? Porque la actitud del gobierno de Alexis Tsipras ha demostrado, minuciosa y consistentemente, que no quiere seguir el doloroso pero necesario camino hacia el ajuste económico y fiscal que enderezaría sus cuentas, y permitiría que devolviese, en un plazo u otro, todo lo debido.

Y es así, por una mala concepción del funcionamiento del sistema económico, por una mala estategia negociadora, basada en la manipulación política y la desconfianza, como Syriza ha conducido a su país a la actual situación. De todas las listas de medidas que se han negociado, la más dura es la que ha tenido que aceptar, finalmente. La alternativa era la salida del euro, con una puerta cerrada para la vuelta durante al menos cinco años. No se habría visto en esa situación si su discurso y sus políticas no hubiesen ahuyentado la inversión. Pero su radicalismo quebró el frágil crecimiento económico de Grecia, y ahora hay que hacer un ajuste mayor. El fracaso de Syriza es el sempiterno fracaso del nuevo y viejo populismo.
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