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¿El Papa en América Latina?

Natalia K. Denisova
sábado 18 de julio de 2015, 20:02h
Todo el mundo pone sordina al viaje del Papa a América. Todo es políticamente correcto a la hora de informar de ese viaje, incluido el lenguaje que se emplea para referirse a los lugares que ha visitado su Santidad. Ay, amigos, cuando se cambia el lenguaje, se cambia la realidad. En efecto, veo la TV13, escucho la Cope, leo el suplemento Alfa y Omega de ABC, que creo que está financiado por la Conferencia Episcopal, y todos hablan y escriben sobre la visita del Papa a América Latina o Latinoamérica. Ninguno de esos medios informa de que el Papa estuvo en América del Sur, en Sudamérica, en la América Hispana, en Hispanoamérica o en Iberoamérica. ¿Dónde demonios estuvo el Papa si no estuvo en la América española? En “América Latina” (sic), según el diario ABC y su suplemento Alfa y Omega. Empieza a ser odiosa y terrible tanta manipulación del lenguaje. De la vida.

Los que no han vivido las palabras, no saben lo que las palabras llevan adentro, decía Alfonso Reyes, destacado humanista mexicano. Él sabía que cada palabra tiene un significado muy preciso y, si lo negamos, esta palabra ya no sirve para una comunicación eficaz, sino para un engaño, un fraude intelectual. Vivimos, pues, una época donde el lenguaje no expresa ni explica la realidad. La oculta. Un ejemplo reciente es la reacción de los medios de comunicación ante la visita del Papa Francisco a América… ¿Latina? Pues, según los periódicos, programas de televisión y de radio, sí, el Papa ha visitado América Latina. Para ser sincera, ya no sorprende el uso de este término por su culto a lo políticamente correcto. Sin embargo, hace poco algunos persistían en reconocer lo obvio que existe una parte de América de habla española y de religión mayormente católica que se llama Hispanoamérica o América Hispana o, mejor dicho, Iberoamérica, denominación más amplia que da cabida a Brasil.

Si denominamos Latinoamérica a la región de América donde se hablan las lenguas derivadas del latín, entonces son plausibles las siguientes preguntas: ¿ha visitado el Papa durante su último periplo Canadá, Haití o Guayana Francesa? No. ¿Y los italianos de los EEUU son latinoamericanos? Pues, no. Entonces no es la lengua la que determina la denominación de latinoamericanos. No, lo que determina esa denominación es la intención política. El término fue acuñado en París, a mediados del XIX, para parar la expansión anglosajona y, ¡ojo! minimizar la influencia española, aniquilar el papel de España en los países hispanoamericanos para incorporarlos a la zona de influencia francesa. Y no ha caído esta predicación en balde: los países recién independizados estuvieron encantados de borrar lo hispano de su vida. Terrible. Se negaban a ellos mismos y se quedaban tan contentos. Pero, ¡ay, amigos!, en el siglo XXI el Papa viaja a Ecuador, Paraguay y Bolivia y habla en español con ellos, católicos en su mayoría e hispanos… Pero se empeñan en hablar del viaje del Papa a Latinoamérica. ¡Qué fracaso más rotundo en negar lo hispano! Muy probablemente este fracaso, o mejor, la imposibilidad de negar lo más íntimo de los pueblos de América, que son la lengua y la religión, lleva a todo el mundo a repetir machaconamente el término vacío de Latinoamérica.

Lo latino, lo celta, lo griego, lo ibero, lo árabe, lo judío… todo ello había sido asimilado por España y lo llevaron al otro lado de Atlántico. Lo indígena se ha convertido en lo mestizo, no ha sido aniquilado porque hoy día perviven las lenguas, las danzas y las procesiones pintorescas donde podemos reconocer la vieja España, renovada con las culturas nuevas. Esto es lo que vio el Papa. Esto es lo que percibe todo el mundo. Y esto es lo que se niega y en España más que en ningún otro lugar. ¿A alguien se le ocurre cuestionar la América Anglosajona?
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