Última oportunidad para Grecia
viernes 24 de julio de 2015, 00:24h
El Parlamento griego ha aprobado el segundo paquete de medidas que Alexis Tsipras acordó con la Unión Europea (UE). La votación se saldó con 230 votos favorables, 63 en contra y 5 abstenciones. Esta votación se produce después de que el primer ministro del país heleno llevara a cabo una remodelación de su Gobierno, auténtica purga contra los ministros y altos cargos rebeldes que cuestionaron abiertamente las condiciones finalmente aceptadas por Tsipras para negociar el tercer rescate. Y después de que llamara al orden a los diputados levantiscos de su coalición, consiguiendo que algunos cambiaran el voto negativo de la primera votación a un sí, entre ellos el controvertido exministro de Finanzas Yanis Varoufakis.
La reacción de Tsipras contra la disidencia del ala más radical de Syriza pone de relieve que parece dispuesto a que la situación no se le vaya de las manos. Curiosamente, el jefe del Ejecutivo acusó a los díscolos de lanzar demasiados “mensajes heroicos”, cuando él mismo no hacía otra cosa hasta que se dio de bruces con la realidad y se dio cuenta de que la retórica populista no ejercía ninguna fascinación, sino todo lo contrario, en unos socios europeos que estaban dispuestos a ser solidarios, pero poco dispuestos a oír disparates y aún menos a dejarse impresionar por bravatas populistas.
No obstante, la inestabilidad está servida y la ruptura de Syriza resulta inevitable, al igual que las protestas en la calle -esta misma semana han vuelto a sucederse varias manifestaciones-, pues muchos ciudadanos se sienten estafados por las promesas de Tsipras, muy probablemente sabiendo que sería imposible cumplirlas. La enorme tensión vivida en los últimos meses, donde destaca el disparate del referéndum convocado por el primer ministro, no se ha eliminado. En torno al 20 de agosto ha de estar cerrado el acuerdo para el tercer rescate. Es de esperar que todo se desarrolle como está previsto en esta última oportunidad para Grecia de comenzar a salir del laberinto. E imprescindible que Tsipras no dé alguna irresponsable vuelta de tuerca o empiece a marear la perdiz. Con los populismos, lo más insospechado -y nefasto- puede suceder.