Ya no se trata de una mera cuestión estacional: la mejora del empleo -se ha incrementado en 513.500 personas en el segundo trimestre- es un hecho. Los datos de la última EPA no dejan lugar a dudas: durante el segundo trimestre del año el número de desempleados ha caído en 295.600 personas en el trimestre y la tasa de desempleo ha retrocedido en 1,4 puntos respecto al primer trimestre, pasando del 23,78% al 22,37%.
Es todavía una cifra insoportable, pero es también la cota más baja desde 2011. Además, los 411.800 empleos creados pertenecen íntegramente al sector privado y la población activa ha aumentado en 116.100 personas, situando la tasa de ocupación en 23.015.500 de empleados. Del mismo modo, hay que destacar que aparte de servicios y construcción, industria experimenta un incremento significativo -30.800 nuevos colocados-, poniendo de relieve que la recuperación empieza a notarse en todos los sectores.
Si hubiera que reseñar un aspecto menos positivo dentro de la indudable bonanza de las cifras sería el de la temporalidad, que sigue siendo alta. Es de justicia reconocer el mérito del Gobierno al recuperar la senda del crecimiento y haber revertido la espiral de destrucción de empleo. Ahora bien, Rajoy no debería caer en la tentación de seguir como hasta ahora, fiándolo todo en la recuperación económica y descuidando el resto. Por mucho que mejore el desempleo, hace falta algo más para ganar elecciones.