www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

El nombre sí que importa

sábado 25 de julio de 2015, 19:41h

“Si tu disposición a dar bendiciones es ilimitada, también lo será tu capacidad para recibirlas. Este es el sutil funcionamiento del Tao”. Lao-Tse

Cuentan que el presidente Eisenhower tenía una cualidad excepcional: siempre recordaba el nombre de las personas con las que se volvía a encontrar, junto con el nombre de sus parejas y de sus hijos, sus edades y muchos de sus gustos. También cuentan que cultivaba dicha cualidad con una técnica muy sencilla: escribía en unas tarjetas los datos relativos a las personas importantes que iba conociendo para más tarde repasarlas antes de volver a encontrarse con ellas. Supongo que de tanto trabajar el hábito, el presidente llegó a memorizar una gran cantidad de nombres y detalles de personas, relevantes o no, incluso sin la ayuda de sus tarjetas.

Acordarse, u olvidarse, de ciertos detalles puede ser muy beneficioso, o muy perjudicial para nuestro trabajo, para nuestra vida social o incluso para nuestro cuerpo.

Cuando viajo con un amigo médico, llegamos a pasar muchos días juntos y, como es normal, a veces la convivencia nos lleva a tener algún que otro roce, pero lo interesante del caso es que cuando me altero, él suele preguntarme: “¿has bebido suficiente agua hoy?” Está comprobado, al menos en el pequeño ‘laboratorio’ de mi propio cuerpo, que cuando no nos hidratamos o cuando no comemos lo suficiente, estamos más cansados, más doloridos y, por supuesto, de peor humor, ya que el rendimiento de nuestro cerebro disminuye sustancialmente. Lo mismo ocurre cuando no dormimos lo necesario, cuando se nos olvida comer de forma saludable, cuando no movemos y no estiramos el cuerpo o cuando dejamos de sonreír, masticar o respirar lo suficiente. Nuestro cuerpo se resiente y no funcionamos de forma eficiente. En otras ocasiones, sin embargo, nuestra biología nos ayuda a olvidar ciertas cosas por nuestro propio bien. Cuando, por ejemplo, para pasar página y avanzar, la memoria selectiva prefiere quedarse con los buenos recuerdos en vez de los malos; también cuando se nos olvida lo duro que resulta tener y criar a un hijo, para volver a desear tener otro; o cuando, para preservar la energía durante la vejez, vamos abandonando el peso de tareas, obligaciones y compromisos. Pero a nivel social, todas estas excepciones no confirman la regla: olvidarse de uno mismo y de los demás, a la larga, tiene sus consecuencias.

De la misma forma que el simple hecho de olvidar beber agua reduce las posibilidades de tener una visión más positiva, rendir en el trabajo o ir bien al baño; olvidarse del problema de un cliente, no contestar al email de un compañero o no entregar el trabajo prometido también pasa factura. No recordar el nombre de una persona que acabamos de conocer disminuye las posibilidades de establecer una buena primera impresión y, aunque no es condición necesaria -ni suficiente- para caer bien a nadie, es un pequeño detalle que ayuda muchísimo, como bien sabía el presidente Eisenhower. Responder a un e-mail con la misma atención con la que nos escriben, devolver las llamadas y los mensajes, escuchar con atención lo que un amigo, cliente o desconocido tiene que decir, estar pendiente de una fecha señalada y atento a las necesidades de las personas o, en definitiva, pensar en lo que puede o no agradar a cualquier persona, es una cualidad que sin duda beneficia a aquellos que la poseen, o que la cultivan. La ausencia de todos estos pequeños detalles, por otra parte, no produce un efecto neutral como algunos pueden llegar a creer, sino negativo.

Estoy convencido de que muchos de ustedes han saboreado momentos agridulces donde han sido capaces de distinguir, sin ningún tipo de duda, lo importante de lo superfluo. Cuando perdemos un ser querido, cuando sufrimos una enfermedad o después de un grave accidente, un deterioro físico o material importante, por desgracia (y por suerte), comprendemos la transcendencia de las relaciones humanas y somos conscientes delo poco que las cultivamos. En estas ocasiones, podemos ver con claridad y el velo de la sinrazón humana cae ante nuestros ojos. Algunos tienen la fortuna de no volver a olvidar, pero la mayoría volvemos al estado de ceguera universal a sabiendas de que también existe una ley universal que dice que, tarde o temprano, recogemos los frutos de todo aquello que sembramos.

El cuerpo se ‘olvida’ de regar las extremidades cuando pasamos mucho frío o deja de respirar cuando tenemos mucho miedo y los humanos, en general, tampoco dedicamos tiempo a aquello que no nos interesa. Hay personas que son muy meticulosas con su alimentación, con el cuidado de su cuerpo o con sus relaciones laborales pero perezosas con su vida social. Algunos anteponen su trabajo a su familia, su salud corporal a su salud social o lo material a lo emocional. Cada uno elige su camino y el camino también les elige a ellos, pero cuando se olvidan de ellos mismos pueden perderse y cuando se olvidan de los demás, están perdidos.

“La libertad es la total ausencia de preocupación por ti mismo. Y la mejor manera de dejar de preocuparte por ti mismo es preocupándote de los demás”. Florinda Donner

Nacho López

Asesor Financiero

NACHO LÓPEZ, dedicado al mundo de la banca de inversión y comercial, al mercado de capitales, al análisis y al asesoramiento bursátil, ha trabajado en los principales bancos españoles y en otros internacionales de primera línea.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (18)    No(0)

+
0 comentarios