Existen tipos de fama tan efímeros y amargamente aciagos, que pueden poner del revés la vida de quien la quiso y la buscó. Sin tener la más remota idea acerca de si el exministro de Finanzas griego Yanis Varoufakis pertenece a la categoría de los que ansían la celebridad o no, me atrevo a pensar que al economista formado en los mejores centros de estudios financieros del mundo solo le queda tirar hacia adelante, para no acabar engullido por una notoriedad que le ha granjeado numerosos enemigos. También, amigos – o si prefieren fans -, porque Varoufakis, con su físico de tipo duro y su desafiante pose, ha encarnado al “héroe” en esta postmoderna tragedia griega que aún colea a pesar de que el verano se ocupe de distraernos con informaciones más estivales.
Grecia es un tema - soy consciente de ello mientras tecleo este artículo – que ha dejado hastiados a la mayoría de los ciudadanos de casi todo el mundo. De modo que, una vez aclarado el asunto de que por el momento no habrá Grexit, hemos mirado por fin para otro lado. Ahora, que se las apañen la Troika – elevada a cuadriga por la inclusión del mecanismo de rescate europeo (Mede) al grupo formado por el BCE, el FMI y la Comisión Europea – y el ejecutivo heleno con las interminables negociaciones que aún les quedan por delante. Con Euclides Tsakalotos, que no es ni de lejos tan apabullante como su antecesor. A éste último, Varoufakis, le toca ocuparse de otros menesteres, como la demanda que amenaza con convertir su intento de heroicidad suicida en la que casi se lleva con él al precipicio a su propio pueblo en un delito de alta traición, que no es moco de pavo. Lo más probable será que la tormenta quede en un sirimiri, pero lo cierto es que la Fiscalía del Tribunal Supremo de Grecia ha trasladado al Parlamento una demanda contra él por un presunto delito de alta traición, por “extralimitarse en sus funciones” a espaldas del resto del gobierno durante las recientes negociaciones para un tercer rescate de su castigado y “díscolo” país.
No es por defender a Varoufakis - ni lo pretendo -, pero una vez que el pueblo heleno dijo NO a las condiciones que exigían los acreedores-rescatadores para volver a sacarlo del hoyo, ¿en serio se extralimitaba Varoufakis trasladando ese NO a los que pedían un SÍ para inyectar más efectivo? Y si su NO era público y notorio ¿por qué alegar que lo hizo a espaldas de los demás miembros del Ejecutivo? Para la demanda trasladada por la Fiscalía, el exministro tiene que “pagar” por haber obstruido el pacto con la troika, en lo que parece un nuevo episodio de “El mundo al revés”. Porque, al parecer, fue el único de su gobierno que se tomó al pie de la letra ese NO vencedor de un inservible referéndum – su resultado acabó en la papelera una semana más tarde - que únicamente valió para calmar fugazmente el dolor de una sociedad que se resiste a lo que otras se han visto obligadas a hacer para empezar a asomar la cabeza desde el fondo del agujero. Amparado por la correspondiente inmunidad parlamentaria, lo primero será ver si el Parlamento autoriza la investigación judicial a Varoufakis. En este caso, y en otros procesos que ya están de camino.
Porque a la citada demanda, le seguirá en los próximos días la que hace referencia al “Plan B” del exministro, una hoja de ruta que pasaba por piratear el sistema informático de Hacienda, con el fin de generar cuentas paralelas para cada contribuyente creándose un sistema de pagos paralelo que le habría permitido realizar transacciones en caso de un cierre prolongado de los bancos. Por supuesto, el plan de la puerta trasera de Varoufakis ha vuelto a abrir heridas en el grupo de trabajo de la cuadriga que sigue pidiendo más al obstinado país heleno que quiere recortar a los recortadores. Imagínense el rebote que se han cogido estos últimos: se la querían meter doblada y ellos, a por uvas. Lejos de negarlo, en una carta al “Financial Times”, Varoufakis asegura que su plan habría permitido “la cancelación multilateral de pagos atrasados entre el Estado y el sector privado, utilizando una plataforma de pagos fiscales ya existente”. Y según Varoufakis, el primer ministro Alexis Tispras por supuesto que estaba al tanto. Aunque, eso sí, advierte que finalmente no llegó a llevarse a cabo porque se descartó cualquier opción de renunciar al euro. El atlético exministro, tan activo en las redes sociales, asegura en su cuenta de Twitter que está “impresionado por la imaginación de sus difamadores”. Porque a Varoufakis, de momento, solo le queda seguir tirando hacia adelante. Aunque ahora sea en solitario.