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Una amazona llamada Marta

lunes 03 de agosto de 2015, 18:01h

Han terminado las vacaciones: mar y montaña. Mareny Blau y El Espinar. Mar curativo y montaña creativa. Tensión muy baja, buena comida, rehabiIitadores y Hermandades. Jardín frondoso, alta montaña, pinares enormes, pinos Balsaín, oxígeno puro, paz de espíritu, creatividad, nueva comedia “Evelinne y John”. Pero, sobre todo al final, como broche de oro el Centro de Actividades Ecuestres HG situado en El Espinar (Segovia), detrás del edificio Inem, en un paisaje impresionante y con unas instalaciones nuevas, recién estrenadas, maravillosas.

David, el propietario nos recibe muy amable. Marta se dispone a recibir sus primeras clases de equitación de la mano sabia e inmejorable de sus mejores monitores: Pilar y Manuel.

Sorprende la facilidad con que Marta a sus 21 años absorbe los conocimientos y se hace con el caballo como si lo hubiera hecho toda la vida. Está dotada para ello. Maneja el caballo con facilidad y soltura; al paso, al trote, en los giros, en las zancadas. Marta está tiesa pero flexible, no se dobla ni se inclina; David mira con los ojos muy abiertos y Manuel el profesor no pierde un segundo. Sigue al caballo, sigue a Marta, va hablando quedamente, aconseja, mueve las palmas de las manos; Marta le escucha atentamente, sonríe. Manuel avanza y retrocede a pasos suaves y armoniosos mientras el caballo y su montura, su amazona, van y vienen y giran. Ver al joven profesor, al caballo y a Marta sobre el animal con el gorro y la visera, las botas. Manuel avanza y retrocede a pequeños pasos, el paisaje del fondo es inefable; puedo asegurarles a los lectores que es muy difícil contemplar un espectáculo semejante a la caída de la tarde de finales de julio con la belleza y la majestad que tiene el conjunto.

Este autor se deleita contemplando el espectáculo. Marta, el caballo, Manuel, es un ballet que se mueve armonioso con el paisaje de fondo increíble, maravilloso.

Este es uno de los lugares más bonitos del mundo que conozco y cuyo artífice David me acerca una cómoda butaca, una mesa y una coca cola con mucho hielo en un vaso transparente de cristal esmerilado.

Enciendo un “Guajiro”, el humo del habano en suaves volutas se expande por encima de nosotros. Mi mujer observa, David sonríe satisfecho, Manuel avanza y retrocede a suaves pasos armoniosos mientras susurra frases a la amazona. Marta unas veces seria, otras sonriente aprende las lecciones mientras se va haciendo cada vez más con el caballo. Su pelo dorado es curiosamente del mismo idéntico color que las crines del caballo. El azul del cielo y las montañas del fondo parecen indicar que hay lugares en el mundo cercanos a Madrid, concretamente en el kilómetro 64 de la carretera de la Coruña, pasado el túnel de Guadarrama, entre San Rafael y El espinar, donde disfrutar un poco el paraíso sin tener que atravesar para ello la frontera de la muerte.
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