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REFORMA CONSTITUCIONAL: ¿NUNCA ES TARDE SI LA DICHA ES BUENA?

viernes 07 de agosto de 2015, 12:12h
Al lector de El Imparcial le basta con pinchar bajo mi comentario de hoy el renglón...

Al lector de El Imparcial le basta con pinchar bajo mi comentario de hoy el renglón que dice: “todos los artículos de este autor” para encontrar el que hace siete años y medio, el 21 de enero de 2008, publiqué en el primer número de este periódico digital bajo el título: Reforma constitucional. Está plenamente vigente.

Casi ocho años después, Mariano Rajoy ha lanzado a su ministro de Justicia a hablar de la reforma constitucional que debió plantearse al iniciar la legislatura y no al final, cuando el presidente del Gobierno se encuentra en una situación incierta ante unas elecciones generales muy problemáticas para el PP.

El régimen está agotado. El 70% de las nuevas generaciones permanece indiferente ante el sistema; el 30% se manifiesta indignado; casi el 100% está asqueado. La reforma constitucional tiene evidentes riesgos, subrayados con lucidez por Cayetana Álvarez de Toledo. Pero más riesgos tiene no haberla emprendido a tiempo desde la mayoría absoluta. He dicho cien veces que o hacemos la reforma constitucional ordenadamente desde dentro del sistema o nos la harán revolucionariamente desde fuera. El Frente Popular ampliado que se dibuja en las encuestas más solventes emprenderá sin duda una reforma constitucional con el ánimo de liquidar el Estado de la Transición. Esa es la realidad pura y dura.

Nunca es tarde si la dicha es buena. Tengo serias dudas de que ese tópico sea aplicable a las declaraciones del ministro de Justicia. No se hizo a tiempo la reforma de la ley electoral y ahí están las consecuencias. No se ha puesto en marcha, conforme al artículo 168 de la Carta Magna, la reforma constitucional y ahora es demasiado tarde. Solo si el PP sigue gobernando tras las elecciones generales podría plantearse de manera ordenada la reforma constitucional que exigen las nuevas generaciones. Si se instala en Moncloa el Gobierno que anuncian las encuestas, Mariano Rajoy tendrá ocasión de meditar el error, el inmenso error que ha significado no haber puesto en marcha, desde la comodidad parlamentaria, la reforma imprescindible para integrar a las nuevas generaciones en el sistema.