El oasis de Nefta, la ciudad santa del sufismo
viernes 30 de mayo de 2008, 22:38h
El agua fluye con fuerza de los manantiales y se distribuye uniforme y equitativa por el sinfín de acequias de la Corbeille. Es la hora de la oración. No hay más ruido que el que proporciona el agua al fluir suave y constantemente. Cuando el calor aprieta, el murmullo del agua suena a música celestial. Trae promesas de alivios térmicos a una mañana iluminada por un sol de justicia. El agua es la vida misma de estos páramos que gracias al líquido elemento se han transformado en una sinfonía de tonalidades verdes que se plasman en el exuberante y frondoso jardín que habita bajo las palmeras. Sobre el brocal de un pozo, a la sombra de las higueras, es difícil aceptar que estamos a la orilla de un gran salobral y que poco más al sur empiece el Gran Erg Oriental cuyas dunas dan fin a todo signo de vida humana.
Túnez ocupa la zona oriental del Magreb y las estribaciones del Atlas lo atraviesan transversalmente del suroeste al noreste. El país se divide de norte a sur en varias regiones topográficas. De las fértiles tierras costeras se pasa a la meseta central en la región de El Tell. Más al sur, la meseta desciende poco a poco hasta la estepa semidesértica formada por varios lagos salados, conocidos como Chotts, que se extienden de este a oeste. Allí, la estepa va dejando paso al desierto. Primero un desierto de piedras y grava, luego otro arenoso y finalmente aparecen las dunas. Estamos en el Sahara que ocupa el 40 por ciento del territorio tunecino. Su borde septentrional es delimitado por la depresión salada del Chott el Djerid
En Túnez, un territorio largo y estrecho, el paisaje también se transforma paulatinamente. Los bosques mediterráneos, los frutales y el cereal van dejando paso a los olivos y almendros y, poco a poco. La vegetación se va espaciando hasta encontrar un mundo de matorrales y chumberas. Tierra inhóspita y árida, con paisajes ásperos, amarillos, quemados por el sol. En estos parajes se abre la desolada llanura en la que se elevan varios gebels y en la que imprime carácter el Chott El Djerid, un enorme lago salado, un mar de sal desecado actualmente, que se extiende hasta el infinito con una superficie de 7000 kilómetros cuadrados y cuyo borde meridional delimita el Sahara.
El clima cálido, inclemente, seco como el desierto, no hace precisamente habitable esta comarca, pero en Bled El Djerid aparece la vida con fuerza, como un milagro. Frente a lo salobre, en contraposición a la espesa aridez, de repente, nacen los oasis como jardines exuberantes, vergeles inauditos, en un mundo hostil. En Bled El Djerid, el país de las palmeras, junto con Gabés y Tozeur, el de Nefta forma la trilogía de los grandes oasis presharianos de Túnez.
Nefta conocida como la perla del Djerid fue la antigua Nepte romana y se caracteriza por sus fuentes termales y por su espléndido oasis. Nefta es un importante centro religioso del Sahara. Antigua parada de caravanas, es la ciudad más sugerente y atractiva de Túnez por su maravilloso oasis y por su fascinante ciudad vieja. A 400 kilómetros de la capital y a tan sólo 16 de la frontera con Argelia, Nefta extiende una alfombra verde en una meseta plana y salada, erosionada por las tormentas de arena.
La carretera de 25 kilómetros que bordea la parte norte del Chott conduce a Nefta desde Tozeur, la capital turística del sur. A lo lejos, entre tanto un infinito paleta ocre, resplandece una mancha verde que dibujan las 400.000 palmeras datileras del oasis. Un hermoso, espectacular y majestuoso oasis de 1.100 hectáreas, regadas por 152 manantiales cuya agua distribuye un moderno sistema de canales de riego. Desde la carretera se observa que el oasis se ha desarrollado a treinta metros de profundidad entre paredes rocosas que lo protegen del potente Siroco.
Dicen los tunecinos que “las palmeras datileras tienen sus pies en el agua y la cabeza en el sol”. Y lo dicen porque las palmeras necesitan inevitablemente agua y calor y la región de El Djerid presenta todos los condicionantes favorables para el cultivo de la palmera datilera. Su clima seco y caluroso hace que su desarrollo sea excepcional. Una palmera bien atendida produce más de 100 kilos de dátiles, lo que hace que Túnez tenga una producción de 60.000 toneladas anuales, que representa el 1% del producto Interior bruto nacional...
La palmera es venerada por los habitantes de la región dada su utilidad. Proporciona múltiples recursos. Produce dátiles -la especie Deglet o dedos de luz es la más apreciada y la más exquisita- y palmitos. Sirve para cubrir los tejados de las casas, con los troncos de hacen vigas, la fibra se utiliza para tejer cuerdas y las palmas para la cestería. Entre abril y octubre se recoge la linfa de las palmeras, llamada lághmi, una bebida fresca parecida al sirope y que fermentada se convierte en alcohólica.
Además en los oasis rara vez se practica al monocultivo. Por el contrario, el de Nefta es un vergel de varios “pisos” donde se cultivan frutales y verduras. Las palmeras se plantan cerca las unas de las otras y como resultado producen la sombra que requieren para crecer los albaricoqueros, las higueras, los granados. Unos pisos más abajo tienen vida viña y cereal, y la superficie del suelo es lugar para la huerta. Tomates, lechugas, zanahorias, pimientos o berenjenas se desarrollan a la suave sombra de las palmeras, protegidas de los ardientes rayos del sol por sus altos troncos y sus hermosas palmas.
En el mismo oasis esta el Morabout o Morabito de Sidi Bou Alí, un santo musulmán y, supuestamente, el iniciador del cultivo de la palmera en La Corbeille. Cuenta la leyenda que Sidi Bou Ali llegó a Nefta para cambiar las doctrinas cismáticas que habían abrazado los habitantes de la ciudad en el siglo XIII. La misma leyenda asegura que al pasar por Tuggurt, un oasis perteneciente en la actualidad a Argelia, recogió huesos de dátiles, los sembró y dio origen al palmeral. El pequeño edifico, donde está sepultado del eremita, es un centro de peregrinaje.
Y es que Nefta es un centro religioso, la ciudad sagrada del Sufismo. Cuenta con más de 24 mezquitas y 100 morabitos que reflejan el continuo vigor de este movimiento religioso dentro del Islam que nació en el siglo XII alrededor de Sufi Abu Madian. El Sufismo es la rama mística del Islam y los sufistas creen que los seguidores de Mahoma deben tener una conducta modesta y ascética. El Sufismo se basa en el misticismo, la contemplación y la meditación. Numerosos predicadores y líderes espirituales se instalaron en pequeños eremitorios o morabitos, donde están enterrados y que hoy son centro de peregrinaje.
Ya fuera del oasis se encuentra la fascinante nefta. En la ciudad vieja parece que el tiempo se haya parado. Construida en ladrillos de arena dispuestos geométricamente, las hermosas casas están decoradas al estilo de Tozeur. La medina se estructura en torno a callejones encantadores y porticados que a modo de túneles permiten guarnecerse del inclemente sol sahariano. Los tejados planos se acompañan de pequeñas cúpulas, especialmente en El Bayadha, el distrito donde hay más morabitos y entre los que sobresale la Zawia el Quadiria, el centro sufí más importante con su minarete y su cúpula de bulbos, todo en blanco.
Y es que el blanco es otro color característico de Nefta. Muchas casas y la mayor parte de las cúpulas están pintadas de blanco. También las mujeres, vestidas de negro en su mayoría y especialmente en la medina, llevan una pequeña cinta blanca sobre el velo, y numerosos hombres, el viernes cuando van a la oración en la mezquita se cubren con una hermosa tela de seda blanca.
Desde la ciudad vieja se ve una panorámica excelente. Por un lado se divisan los tonos ocres del desierto o la blancura salobre del Chott, y por el otro lado las terrazas rematadas por cúpulas de los santuarios que descienden hacia el denso palmeral del oasis.
En la zona nueva de la ciudad, anodina y sin encanto, se encuentra el zoco, donde todavía se ven los telares en los que trabajan las mujeres. Entre los puestos es fácil encontrar rosas del desierto, artesanía, mantas de lanas, tejidos de lana y seda, cestas y mimbres de palma.
Nefta es excelente lugar para adentrarse en el desierto o para conocer un oasis, una extraordinaria experiencia.
|
Periodista
Isabel Sagüés es periodista y MBA en Administraciones Públicas y Master en Comunidades. Ha dirigido entre otras entidades culturales sin ánimo de lucro la Fundación Canalejas y la Fundación ICO
|
|