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Alguien tiene que pagar este desaguisado

viernes 30 de mayo de 2008, 23:02h
El Partido Popular atraviesa uno de sus peores momentos, eso lo saben todos. Y algunos se frotan las manos mientras otros se echan las manos a la cabeza porque han visto cómo en unos meses lo que parecía un verdadero acorazado político se ha convertido en un barco a la deriva.

Por supuesto los socialistas están encantados con todo lo sucedido porque, según dice Pepiño Blanco, todo esto confirma la política aventurista de los cuatro últimos años.

Pero hay otros sectores que des del interior del propio partido intentan encontrar ahora a los verdaderos culpables del desaguisado convencidos como están que en unos quince días todo se habrá ido al tacho porque no hubo ni la fortaleza ni el sentido común como para evitar este desparrame.

Han empezado a aparecer ya los primeros culpables de la crisis y los nombres de Gallardón, Aguirre, Pedro J., Federico Jiménez Losantos aparecen en primer plano, además de la Asociación de Víctimas del Terrorismo, la Conferencia Episcopal y una serie de chikilicuatros (éstos no participaron en Eurovisión) que estaban esperando su ocasión para echarse en cara unos y otros los errores de todos estos años. Claro que lo han hecho tarde, mal y tarde mientras Mariano Rajoy y su muy mediocre equipo de colaboradores miraba hacia otro lado.

Este partido ha pasado a ser una jaula de grillos en la que las ambiciones cativas y los odios pequeñitos han tenido que presentarse ahora, cuando no era ni peligroso ni decente. Y quien podría haber hecho algo para tranquilizar el gallinero, la vieja guardia, gentes como Rato, han preferido jugar al parchís.

No estoy seguro que antes de celebrarse el Congreso haya que hacer una limpieza a fondo aunque esta limpieza sirva para mucho.

Lo cierto es que no hay tiempo ni para limpiezas ni para refundaciones. Rajoy sigue siendo el único activo serio con el que cuenta el partido y con esos bueyes habrá que arar. Pero eso no garantiza ni un futuro brillante ni un partido que sea la espina dorsal de la derecha y de las fuerzas moderadas españolas. Liberales, democristianos, conservadores, nacionalistas, tendrán que poner el hombro si de verdad quieren que el partido vaya adelante. Si de lo que se trata es de echar cuentas, culpas a unos cuantos y componer una guardia de hierro en la que sólo cuenten los sectores más reaccionarios -en algunos casos lindando con el fascismo ordinario-, todo estará perdido. Sean Costa, Esperanza, u otro recién llegado quien pretenda hacerse con el liderazgo del partido en unas semanas hay una cosa clara; llega tarde, mal y nunca.

En el fondo de lo que se trataría es de salir lo menos mal posible y olvidarse de aquella maquinaria que en la época de Aznar ganaba elecciones y ampliaba su base social. Tal como están las cosas, es imposible repetir aquella experiencia. Pero antes de que el Congreso se celebre sería inteligente y seguramente necesario que alguien limpiara las cuadras de Argias que están llenas de telarañas.

Esta alternativa puede ser la repetición de la triste experiencia de UCD algo de lo que muchos se han olvidado. Entre varones, ideologías, cativas ambiciones, sectarismos interesados (los sectarios se llevaron un buen atollo de pactos e influencias), conviene no olvidar que aquéllo se fue hundiendo en las arenas movedizas de la visa política.

Hoy todavía puede recomponerse la pirámide en jirones. Pero no queda mucho tiempo. Cualquier chapuza sería peor que una renovación simulada.
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