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TRIBUNA

Los 33 mineros de Chile

Alejandro San Francisco
martes 11 de agosto de 2015, 19:49h

Al comenzar agosto se estrenó en los cines de Chile la película Los 33, la que vi en la Avant Premiere organizada por El Libero. Si bien se trata de una producción con los cánones propios del Séptimo Arte, también sabemos que obedece a una historia real. Las actuaciones de Antonio Banderas, Coté de Pablo, Rodrigo Santoro, Juliette Binoche y Mario Casas, entre otros, recuerdan un suceso histórico de gran trascendencia y que fue seguido por más de mil millones de personas en todo el mundo, una historia con pocos villanos y muchos héroes.

Una posibilidad sería hacer una crítica cinematográfica, y seguramente habrá buenos comentarios al respecto. De hecho, se trata de una película atractiva, bien lograda, con actuaciones de nivel y con todos los detalles que permiten gozar del cine: emoción, cambios de giro, dolor y alegría, pasión, música, momentos entrañables. Tiene un problema propio de los filmes basados en la realidad, porque de inmediato comienzan las comparaciones, tratando de descubrir qué sucedió realmente y en cuáles aspectos los directores obraron con libertad o transformaron los hechos para presentarlos de una manera más emotiva y en la lógica propia del arte. En otras palabras, no es un documental, sino que una película comercial.

¿Qué sucedió realmente entre agosto y octubre de 2010? ¿Cuál fue la epopeya de los 33 mineros? ¿Por qué se produjo un interés universal en el acontecimiento? ¿Cuáles fueron los "momentos estelares", como los denomina Stefan Zweig? El tema es muy complejo y excede largamente los límites de una columna, pero asimismo conviene recordar y destacar algunos de los aspectos más relevantes de este suceso que alcanzó una connotación internacional.

En primer lugar, como no podía ser de otra manera, está el tema del accidente del 5 de agosto. Cuando se supo la noticia de los 33 mineros que habían sufrido un accidente a 720 metros de profundidad, al dolor del hecho se sumó el drama de las expectativas: lo más probable es que estuvieran muertos, o que fallecieran con el paso de los días, ante la imposibilidad del rescate oportuno y ante la segura falta de alimentación y otros bienes necesarios. Aún así se iniciaron los esfuerzos para el rescate, que tenían como contrapartida la situación al interior de la mina, donde -como supimos después- los mineros se organizaron para hacer durar la comida, procurar una adecuada convivencia y no perder nunca la esperanza.

Uno de los momentos más emotivos se produjo el domingo 22 de agosto, cuando finalmente la sonda llegó al lugar de destino, como lo comprobó la pintura roja con que apareció, a lo que se sumaba una nota que se haría famosa: "Estamos bien en el refugio los 33". Estaban vivos, lo que generó la alegría y emoción de sus familiares, la satisfacción de todos los que había colaborado en la proeza, y una verdadera ola de solidaridad internacional, considerando que las imágenes ya se transmitían en distintos continentes, cuyos pueblos y autoridades manifestaban su comprensión y deseos de ayudar, como muchos efectivamente lo hicieron de diversas formas.

Quizá hoy nos parece natural, quizá obvia, la operación de rescate que se había iniciado, pero el asunto no es tan claro. Cada año mueren por accidentes laborales miles de trabajadores de la minería en distintos lugares del mundo. Este podría haber sido un caso similar, pero no lo fue. ¿Por qué? Aquí resulta clave el liderazgo político, la decisión efectiva de llevar adelante una tarea difícil y que requería una sólida determinación. Tuve la oportunidad de estar en La Moneda el 12 de agosto del 2010, con ocasión de la formación del Consejo Asesor de Juventud, en el cual fui designado junto a otras nueve personas de distintos ámbitos del quehacer nacional. Si bien el Presidente Sebastián Piñera estuvo atento en todo momento a la iniciativa, una vez que el Consejo se presentó a la prensa, rápidamente los temas giraron en una dirección diferente. La preocupación de los medios estaba concentrada, casi exclusivamente, en la situación de los 33 mineros atrapados. Me impresionó la actitud del Presidente cuando fue consultado sobre lo que haría su administración, a siete días del accidente. La respuesta fue enfática: los vamos a encontrar y los vamos a rescatar. Me pareció de una osadía excesiva y no comprendí el alcance de la respuesta, que solo se iría conociendo en los días y meses siguientes. Habían pasado solo siete días del accidente, pero la decisión estaba tomada: había que rescatar a los mineros.

Para ello se requirió el apoyo fundamental de un equipo que lideraron el Ministro Laurence Golborne y el especialista André Sougarret, a cargo de ingenieros y técnicos, nacionales y extranjeros, que requerían una maquinaria adecuada para perforar la mina y para llegar hasta donde estaban los mineros, lo que necesitaría posteriormente una fórmula efectiva para rescatar a los obreros, las denominadas "cápsulas". A todo esto se sumaba la necesidad de realizar este proceso en un tiempo adecuado, lo más rápido posible, pero con perfección, sin generar falsas expectativas, pero procurando mantener una esperanza tan necesaria como real. Todo esto transmitido mundialmente en vivo y en directo, con medios de prensa que cubrían las noticias a diario, que buscaban saber lo que ocurría bajo la mina, cómo estaban los 33 mineros, y que esperaban el día de poder tenerlos de vuelta a la vida normal.

Eso, como sabemos felizmente, se logró en las jornadas del 12 y 13 de octubre, tan emotivas como memorables. Uno a uno fueron emergiendo de la tierra los valientes mineros, a reencontrarse con sus familias después de la traumática experiencia, felices y agradecidos de los rescatistas, del gobierno, de quienes los apoyaron siempre, de la vida, y como muchos dijeron también, de Dios. Habían logrado volver desde el fondo de la tierra. Un sano y legítimo orgullo nacional invadió a los chilenos y alegró a sus amigos en el exterior.

Como dicen algunos novelistas, en una fórmula que se aplica también para el cine, la realidad casi siempre supera la ficción. Así lo demostraron los 33 mineros con su heroísmo, el gobierno de Sebastián Piñera y todos los profesionales que se jugaron por rescatarlos, y los más de mil millones de personas, que constituyeron un marco adecuado para esta gran epopeya.

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