A Albert Rivera no le gusta Mariano Rajoy. En el PP lamentan la posibilidad de que su aliado natural tras las generales exija otro candidato a la Presidencia. Si ocurriera esto, y contando con que Podemos jamás apoyaría a la derecha, Rajoy podría arrepentirse de no haber tomado durante el mandato decisiones que en numerosas ocasiones le han pedido desde dentro, haciendo caso omiso. De momento, confía en que la campaña y el programa convenzan a los españoles y también al potencial socio. Si no cede, su tiempo habrá acabado.
Podemos ya ha expresado su disposición a negociar con el PSOE tras las generales. El partido de Pablo Iglesias rebaja la aspiración de "asaltar el cielo" en vista de los sondeos. El anuncio no sorprende, pero sí supone una presión añadida para el PP, cuyo aliado natural, Ciudadanos, no es tan generoso a la hora de desvelar sus intenciones. De hecho, Albert Rivera no cree que Mariano Rajoy sea la persona adecuada para gobernar España los próximos cuatro años.
Los antecedentes que tranquilizan al presidente, y son recientes, son los acuerdos de investidura en Andalucía y la Comunidad de Madrid, donde PSOE y PP más están bajo sospecha, junto con la Comunidad Valenciana en el caso de los segundos. Pese a ello, Juan Marín e Ignacio Aguado lograron hacer firmar a Susana Díaz y Cristina Cifuentes compromisos que, extrapolados a lo nacional, habría de firmar Rajoy, aunque algunos le obliguen a emprender cambios notables -algunos, radicales- en distintas áreas.
Pero el temor en Moncloa es real. Barajan un escenario de victoria electoral insuficiente en el que, como en los casos mencionados, C’s se siente con la fuerza más votada. La diferencia estaría, sospechan, en que Rivera, en un golpe de mando exagerado en relación con su resultado pero legítimo dado su rol determinante, exija un nuevo candidato, poniendo a Rajoy en la tesitura de elegir entre un Ejecutivo del PP sin él o, de negarse, el retorno al poder de los socialistas.
En Génova trabajan en una campaña y un programa electoral que deben convencer a los españoles, pero también al potencial socio. Ese socio quiere primarias, unos estándares de transparencia desconocidos en aquella sede o la cabeza de dirigentes de los que hasta ahora el PP no ha querido o no ha sabido desembarazarse. Discursos y propuestas en esa línea acercarían a Rajoy a su deseo y le adelantarían trabajo. Pocas opciones más tiene.