TRIBUNA
El reto de la reconciliación racial en EEUU
martes 18 de agosto de 2015, 20:38h
En la madrugada del 8 de agosto se produjo en Ferguson una nueva muerte de un afroamericano a manos de un agente de seguridad blanco sin apenas experiencia policial, Brad Miller, de 49 años. La víctima fue identificada como Christian Taylor, de 19 años, miembro del equipo de fútbol americano de la Universidad Estatal Angelo, también ubicada en el estado de Texas. Conforme señaló el informe forense, Taylor iba desarmado y tras el disparo, murió en el acto.
Con esta nueva muerte se vuelve a cuestionar la profesionalidad y la imparcialidad racial de las fuerzas de seguridad en Estados Unidos. Hace sólo un año moría otro joven, Michael Brown en Ferguson (Missouri), tras recibir varios disparos de un policía blanco, desatándose con ello una cadena de violentas protestas que reavivarían las tensiones raciales y sobre todo pondrían de relieve el ocasional talante racista de la policía en Estados Unidos así como la falta de imparcialidad del poder judicial al quedar el policía finalmente libre de cargos.
Por desgracia a estas muertes resulta obligado sumar la matanza que se produjo en Charleston, en el Estado de Carolina del Sur, cuando nueve personas murieron en una simbólica iglesia para la comunidad afroamericana por los disparos de un joven blanco, Dylann Roof, de 21 años, quien se sintió motivado en sus acciones por un reconocido ánimo racista, lo que elevaría su acto a la categoría jurídica de “crimen de odio”.
Todos estos sucesos son solo algunos ejemplos del tortuoso camino que vive Estados Unidos hacia la ansiada reconciliación racial. Desgraciadamente, a pesar de que hayan pasado más de cincuenta años desde que se pusiera fin a la segregación racial, los actos racistas contra los negros siguen produciéndose por toda la geografía del país. Recordemos la matanza que se produjo en 2012 en un templo religioso sij en el Estado de Wisconsin o el día de la proclamación de Barack Obama como presidente en 2009 que vino, desgraciadamente, marcado por el ataque de un hombre blanco a una iglesia negra de Massachusetts.
La figura del "supremacista" ha destacado en plena campaña preelectoral tras conocerse que algunos candidatos republicanos recibieron subvenciones de organizaciones racistas y extremistas, cantidades que, según parece, terminaron en mano de organizaciones caritativas. Creo que en estos meses de campaña preelectoral los distintos candidatos del partido republicano y demócrata deberían atender al reto político de reconciliar racialmente al país, tratando de buscar salida a esta ola de violencia incesante de la policía blanca contra los ciudadanos afroamericanos y de blancos en general contra gente de color en Estados Unidos.
La fiscal general Loretta Lynch ha resaltado la importancia de buscar la reconciliación entre la policía y a las minorías llegando con acierto a afirmar que este punto se ha convertido en el gran reto del Departamento de Justicia de EE.UU., con motivo de la condena de la violencia desatada en Ferguson tras las marchas propiciadas por el aniversario de muerte del joven negro Michael Brown. La verdad es que Lynch no lo ha tenido fácil y nada más ser nombrada fiscal general, ya tuvo que enfrentarse a este difícil reto, a raíz de que en Baltimore (Maryland) muriera Freddie Gray como consecuencia de las graves heridas que sufrió bajo custodia policial, lo que llegó entonces a exigir el despliegue de la Guardia Nacional e incluso la instauración del toque de queda.
Un año después de la muerte de Brown, Lynch insistió en su discurso en que lograr la reconciliación entre minorías raciales y fuerzas del orden es su “mayor objetivo” como fiscal general, pero al mismo tiempo declaró que para conseguirlo necesitará la ayuda de líderes comunitarios, fuerzas del orden y aquellos que participan en el sistema de justicia. Y es que, a mi modo de ver, a juzgar por los últimos acontecimientos en Ferguson, de momento no parece que haya sido muy eficaz el programa piloto instaurado hace unos meses para fortalecer los vínculos entre la policía y las minorías racionales en Estados Unidos. Fue en mayo de este año cuando el presidente Barack Obama lanzó con su mejor intención un programa de 17 millones de dólares para que los policías incorporasen a sus uniformes cámaras corporales y prohibió el suministro de algunos equipos militares a la policía, por considerarse que ello constituía una forma excesiva de reprimir manifestaciones pacíficas.
Para que el movimiento “Black Lives Matter” (“La vida de los negros importa”) no quede en un mero slogan, con contenido meramente retórico, resulta necesario que todos los agentes sociales en Estados Unidos tomen conciencia de que no se puede ejercer la violencia indiscriminadamente contra los negros y de que la dignidad humana es un atributo inherente a todos los seres humanos independientemente, entre otros, del origen racial o del color de la piel.
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Catedrática de Filosofía del Derecho
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