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ENTRE ADOQUINES

El peligro de salpicar agua sobre el polvo

miércoles 19 de agosto de 2015, 20:25h
Una semana después de la primera deflagración en la empresa que almacenaba peligrosas sustancias toxicas en el puerto de la ciudad china de Tianjin, la climatología se ha aliado con el desastre y los primeros aguaceros han disparado aún más la sensación de pánico con la que viven los habitantes de la zona desde entonces. Un miedo que el gobierno chino quiso erradicar en todos los frentes, como si temiera más su propagación, la del miedo, que la de la propia nube tóxica. Bautizado ya como el “Chernobyl asiático” – por sus dimensiones y el secretismo de las autoridades – las consecuencias del grave accidente se dejaron sentir de manera inmediata en Internet con el cierre de más de 40 páginas web y la censura en cientos de perfiles de las redes sociales. La causa: solo servían para fomentar el pánico.

Según el gobierno, no había nada que temer fuera del perímetro de seguridad y, por lo tanto, la población debía estar tranquila. Pero, por supuesto, no lo estaba. Lleva una semana sin estarlo. Continuaban las explosiones y los datos oficiales reconocieron 114 fallecidos, 700 heridos y 70 desaparecidos. Entre estos últimos, la mayoría son los jovencísimos bomberos que entraron en la zona cero a manguerazo limpio para sofocar el incendio. Solo que nadie les había advertido que el agua podía convertirse en su peor enemigo. Hasta este miércoles, cuando las primeras gotas de lluvia han llenado de espuma blanca las carreteras y de ardor la piel de quien osaba andar por la calle, las autoridades no solo seguían insistiendo en que la nube tóxica afectaba únicamente a la zona portuaria epicentro de la tragedia, sino que negaban la teoría de que la falta de conocimiento acerca de lo que la empresa almacenaba y de formación en los bomberos, pudieran haber magnificado el desastre.

Este martes, sin embargo, Bao Jingling, ingeniero jefe de la Oficina de Protección Medioambiental de Tianjin, se soltó la coleta en rueda de prensa reconociendo que aún había polvo de cianuro de sodio del lugar del accidente, a la vez que advertía a los residentes que si tenían que regresar a sus viviendas para recuperar efectos personales tuvieran cuidado con el polvo. "Especialmente” avisó, “hay que evitar salpicar agua sobre el polvo". Nadie, al parecer, lo advirtió a esos bomberos que tienen que contratar por ley las grandes empresas para acudir a posibles emergencias y que no son profesionales sino muchachos de origen humilde, procedencia rural y sin apenas formación para enfrentarse al cometido para el que son contratados.

Pocos de ellos salieron con vida, muchos continúan desaparecidos. Sus familias se apresuraron a viajar a la ciudad para buscarlos, para exigir noticias sobre su estado, pedir explicaciones. Salieron a la calle, enarbolaron pancartas, se enfrentaron incluso a la policía. Buscaron las cámaras, aseguraron tener muchas preguntas, ninguna respuesta y, menos aún, confianza en lo que estaban diciendo y haciendo las autoridades. Hasta que el primer ministro se reunió con ellos y les prometió que sus hijos serían considerados “héroes que dieron su vida por el pueblo”. Ignoro lo que tan solemne declaración conlleva, pero lo cierto es que el lunes la participación de las familias en las concentraciones había disminuido. Otro “enemigo” presunto propagador del pánico, neutralizado.

Queda “contentar-convencer-callar” a los vecinos de la zona evacuada y colindantes. Ya está sembrada la desconfianza y el miedo es libre, lo era mucho antes de que llegara Internet con sus malvadas redes sociales. Lo que también circula por la Red es una denuncia: la irregularidad de la licencia con la que operaba Ruihai International Logistics, la empresa que almacenaba productos tóxicos a menos de 500 metros de autopistas y viviendas. Se habla de trato de favor relacionado con las conexiones entre dicha compañía y altos funcionarios, una hipótesis que ha cobrado fuerza después de que la revista económica más importante de China, Caijing, haya publicado que el verdadero poder en la sombra de la empresa sería el hijo del ex director del Departamento de Seguridad Pública del puerto de Tianjin. Todo queda entre amigos, familia o miembros del partido.

Ahora, la falta de credibilidad de los dirigentes chinos se mide en la cantidad de máscaras protectoras que lucen habitantes y miembros de los equipos de emergencia, en las imágenes de espuma blanca y piel enrojecida. Aunque el gobierno chino siga persiguiendo la información que no sale de sus despachos. Porque para cualquier régimen cerrado, si no hablas de algo es que no existe y la versión oficial siempre va a misa.

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

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