TRIBUNA
Lina Morgan
viernes 21 de agosto de 2015, 20:10h
Tras meses de larga y penosa enfermedad, un día como hoy en pleno y caluroso mes de agosto ha fallecido Lina Morgan. Estoy seguro que todo Madrid la llora, la está llorando, precisamente porque Lina había consagrado su vida a hacer reír a todos los públicos de todos los puntos de España y del extranjero, pero sobre todo a su queridísimo público de Madrid, especialmente el del barrio de La Latina donde nació el año 1937, en plena Guerra Civil.
Jugaba de niña con su hermano José Luis a las puertas de ese teatro que terminaría siendo suyo, su feudo, su sueño dorado, hacer teatro y cosas cómicas. Debutó con la compañía del inolvidable Alfonso del Real y tuvo su Oscar de Oro al tener que salir tres veces al escenario a cantar y recitar el Pichi.
Lina, monstruo de las tablas, se ha prodigado para regocijo y placer de todos los públicos haciendo cine, teatro, televisión y revista.
Fue una trabajadora incansable y una empresaria valiente. Cuando en las fiestas de la Paloma pasaba la Virgen por la puerta del teatro, de su teatro, pedía a su público entusiasta salir unos momentos a rezar a Su Señora. Era la “Morgan” una mujer genial pero de una pieza, mujer de fe, artista y genio, con sus muecas inolvidables y su cruce de piernas inimitable e irrepetible… arrancaba las carcajadas, el mayor honor, la mayor caridad que se puede hacer a un pueblo trabajador y sacrificado como ha sido su público de siempre. “La tonta del bote” en cine, Series como “Compuesta y sin novio” y “Hotel Royal Manzanares” y sobre todo “El último tranvía”, la han llevado a hacerla inolvidable y patrimonio del mundo del espectáculo y de la cultura popular, sin la menor duda la más indestructible de las culturas.
Lina entró en los platós de Televisión de la mano de Pedro Masó. Cuando murió su hermano y gerente del teatro en 1995 sufrió un palo que le costaría media vida.
Lina Morgan estuvo “apegada a su barrio” como nadie y quizá característica tan sumamente local, tan diminuta, haya sido una de las causas de hacerla tan nacional y tan universal. Como Unamuno que no se movía de Salamanca o Kafka de Praga.
Como iba diciendo “Vaya par de gemelas” sea título inolvidable, pero a mí, autor si bien que pequeño y dramático, siempre me impactó el acierto de los títulos y para el más descriptivo y acertado de todos sea “El último tranvía”, quizá porque para todos y cada uno de nosotros sea esa la oportunidad, la suerte en la vida, la última esperanza.
Nunca olvidaré ese título.
Nunca olvidaré: ”El último tranvía”.
Sé que Lina en pleno mes de agosto, sin hacer ruido alguno, cuando los madrileños más pobres no han podido ir a veranear por falta de dinero, ella ha cogido ese tranvía, el último del día, el último de su vida para viajar al cielo donde de buen seguro la estará esperando con los brazos abiertos su querida Virgen de la Paloma.