En la carrera del disparate o dislates de algunos políticos
martes 25 de agosto de 2015, 08:20h
Parece que el ansia de algunos políticos por acaparar titulares no conoce límites. Tras arrasar con el más mínimo sentido común, se despeñan con ímpetu y alegría por el precipicio de los más absolutos despropósitos. Da la impresión de que se establece una puja a ver quién dice el mayor dislate. Muchos de esos desatinos quizá no merecerían ni siquiera que se reparara en ellos, pues caen por su propio peso. Sin embargo, no está de más señalarlos, ya que desvelan y denotan actitudes y propósitos que por lo que implican no deben dejarse pasar. Acabamos de asistir a dos ejemplos que ciertamente conjugan el ser un disparate en grado extremo con entrañar algo inadmisible.
Las personas de bien, que son la mayoría de los ciudadanos y recorren todo el espectro ideológico, han sentido nauseas ante el crimen de Cuenca, del que fueron víctimas dos jóvenes presuntamente a manos del exnovio de una de ellas. Como sienten igualmente nauseas -y condenan sin paliativos-, frente a la lacra de la violencia de género, que por desgracia ha tenido este verano espeluznantes casos. Aprovechando la trágica circunstancia de los asesinatos de Cuenca, a Carmen Montón, secretaria general de Igualdad de la Comisión Ejecutiva del PSOE y consejera de Sanidad de la Generalidad valenciana, no se le ha ocurrido otra cosa que decir que ese crimen “ha destapado las vergüenzas del PP”, que es “indolente” ante la violencia doméstica y, para rematar la faena, ha soltado que el PP es un partido “peligroso” para las mujeres. El dislate es mayúsculo, y si es cuestión de “destapar vergüenzas” Carmen Montón “olvida” que fue durante la legislatura de José Luis Rodríguez Zapatero cuando el número de víctimas mortales se disparó, llegando a 266. Y parece no recordar tampoco que hace escasos días el propio PSOE reconoció las disfunciones de la ley en esta materia que los socialistas promulgaron, propuso mejorarla e incluso alcanzar un pacto de Estado contra esta lacra. Pero no se trata de recordar para echar leña al fuego. Lo lamentable es que con su insensatez Carmen Montón revela que, según ha mostrado, cualquier cosa vale para atacar al adversario a mayor gloria de un electoralismo, en este caso ciertamente macabro, que no duda en utilizar la muerte de las mujeres, esas mujeres a las que dice defender, como arma arrojadiza. Mejor, como dijo un correligionario de la propia Carmen Montón, “remar todos en la misma dirección”.
Y en dislate no le ha ido a la zaga el consejero de Justicia de la Generalitat, Germà Godo. Ni corto ni perezoso, se ha descolgado con la ocurrencia de que una posible Cataluña separada de España estaría dispuesta a conceder la nacionalidad catalana al, según él, resto de los ciudadanos de los Països Catalans, en los que incluye a la que llaman Cataluña Norte -en territorio francés-, a la Comunidad Valenciana, parte de Aragón y a las Baleares. Abruma tanta “generosidad” por querer acoger a más gente en esa Cataluña de las maravillas que vende el nacionalismo radical, que incluso da cobijo al exprimer teniente de alcalde de ERC en Cubellas, condenado por pederastia, como apoyo a su variopinta lista de Junts Pel Sí. Lo revelador del desatino de Germà Godo es que manifiesta una manipulación absoluta de la Historia, pues jamás han existido esos Països Catalans salvo en la mente y el propósito de los nacionalistas. Un propósito que entraña un clarísimo afán expansionista de talante autoritario, pues esa misma “generosidad” guió a líderes de infausta memoria y delirios anexionistas. Un propósito que sigue la premisa de Prat de la Riba cuando señaló: “el imperialismo es el periodo triunfal de un nacionalismo: del nacionalismo de un gran pueblo”. De ahí que Germà Godo haya concluido que no van a olvidarse de la “nación completa”.
La socialista Carmen Montón y el consejero del ejecutivo de Artur Mas se han despachado a gusto. Con sus dislates han hecho el ridículo, pero nos han mostrado reveladores aspectos de sus intenciones.