www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Política y toros

miércoles 26 de agosto de 2015, 20:03h
Antes, hace ya mucho tiempo, de toros bravos y toreros solo hablaban y escribían personas cultas. Eran sabios. Sus palabras eran sentencias de filósofos clásicos. Esos hombres educaban al pueblo. El resto guardaba silencio y escuchaba a esos pocos aficionados. ¿Aficionados? Sí, asíse llama al entendido, al especialista, en fin, al esteta en un arte tan sutil como el de la tauromaquia. El gran público asistente a las plazas de toros sólo aspiraba a que, algún día, le llamaran aficionado. Ese público respetuoso con la fiesta de los toros, siempre dispuesto al aprendizaje tras cada espectáculo taurino, y esos grandes aficionados aún existen, son las grandes figuras de la cultura taurina, de la gran cultura de España, pero por desgracia están tapadas por un ambiente sucio, ramplón y miserable. Ahora, en los últimos años, opina cualquier don nadie sobre tan difícil asunto; abundan por todas partes chiquilicuatres mentales, tipejos de carácter sórdido, mirada torva y verbo rahez dispuestos a embestir contra quienes gustan de un arte tan complejo y difícil como el de los toreros con los toros.

Sebastián Castella, un gran diestro francés afincado en España, ha escrito una carta abierta a los españoles para que despierten, reaccionen y responda con valentía a toda esa mediocridad. Es una misiva llena de grandes verdades. Todas ellas dignas de ser bien recibidas. Quizála carta de Castella despierte a este pueblo amodorrado, azacaneado y pervertido por unas élites intelectuales y políticas prestas a rendir vasallaje a la primera bestia que les asegure su mendrugo cotidiano. No espero mucho del populacho hispánico y menos de quienes los llevan atados del ronzal. El estoico pueblo español, la gente normal, tendrápues que seguir sufriendo la barbarie contenida en una sociedad que insulta al público, a los toreros y, en general, a todos los que participamos de esta representación artística. Una representación, sí, teatral y real. Aquíse juegan la vida los hombres. En todo caso, Castella ha puesto en evidencia que se estáatentado contra derechos y libertades que son sagrados para todo individuo. Estas muestras de intolerancia contra las inmensas minorías que asistimos a los toros son otra prueba, una más, del salvajismo social que asola España. Grave es el ataque al arte taurino, pero tengo la sensación de que es sólo una muestra de una sociedad y, sobre todo, de un Estado en plena descomposición. Rebelión de las masas, diría Ortega y Gasset.

En efecto, esos delincuentes sobreviven y nos tienen con el alma en vilo, cuando asistimos a una corrida de toros, porque el Gobierno de España y, sobre todo, los mesogobiernos regionales y locales los protegen. La turba infame de antitaurinos está protegida por los gobernantes. Sí, sí, el Gobierno de España no persigue, no castiga, en fin, no reprime a esa gentuza que estáatentando contra las libertades de los aficionados a los toros. El Gobierno de España mira para otro lado y no aplica la ley como es debido para detener a los salvajes. Es el mismo Gobierno que combate el separatismo catalán, o sea, a la turba aguerrida que no para de insultar al resto de los españoles, con un tirachinas. ¡Vida! Ante tanta miseria y cobardía de nuestros gobernantes, me quedo con la frase del diestro francés al pueblo español: “No hay mayor verdad que la de un hombre ante un toro bravo.”El resto es silencio. O peor, cobardía.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (12)    No(0)

+
1 comentarios