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Angela Merkel da la talla con creces

jueves 27 de agosto de 2015, 00:01h
La visita realizada por Angela Merkel al centro de refugiados de Heidenau encerraba un significado simbólico de enorme trascendencia. Recordemos que hace pocos días esta ciudad alemana del land de Sajonia, acaparó titulares por la batalla campal que tuvo lugar en ella entre un nutrido grupo de manifestantes neonazis y la Policía precisamente frente al centro que la canciller germana visitó ayer. El de Heidenau no era ni mucho menos el primer caso en el que la extrema derecha ataca estos centros a los que llegan cientos de refugiados en petición de asilo, pero sí resultó especialmente violento. La que es ya la mayor crisis migratoria desde la Segunda Guerra Mundial parece estar despertando en Alemania viejos e indeseables fantasmas del pasado -los manifestantes de Heidanau coreaban gritos de “Heil Hitler”-, que hay que atajar con firmeza.

Y con firmeza los está cortando el Gobierno alemán y Angela Merkel, en primera persona, que calificó de “repugnante” lo sucedido en Heidanau, y cuyo vicecanciller, Sigmar Gabriel, que fue al centro a poco de producirse los alarmantes altercados, subrayó que “no hay que dar ni un milímetro a esta turba ultraderechista”. Ayer, la canciller insistió en el mensaje y apeló con contundencia a la “tolerancia cero” frente a la ofensiva y comportamientos xenófobos, señalando que “el trato humano y digno de los refugiados es importante y no habrá ninguna tolerancia para aquellos que cuestionan la dignidad de otros, no hay tolerancia para aquellos que no están dispuestos a ayudar cuando la ayuda legal y humana se requiere”.

Aunque hoy, afortunadamente, el huevo de la serpiente tendría muy difícil crecer y los ataques xenófobos son minoritarios, no hay que bajar ni por un momento la guardia. En Alemania, el Partido Nacionaldemócrata (NPD), de filiación neonazi, está agitando y manipulando a la población en aras de su repulsivo ideario. En la visita de Merkel a Heidenau, grupos neonazis habían convocado una protesta, y la canciller se encontró con abucheos, acusaciones de “traidora” y llamamientos a que se ocupara de “su gente”, mientras que una fila de coches intentó boicotear el acto con bocinazos.

Angela Merkel, que ha anunciado que Alemania dará un millón de euros adicionales a la ayuda humanitaria acordada por la UE para los refugiados, está dando con creces la talla al lidiar con graves problemas. Lo estamos viendo en su respuesta a los brotes xenófobos y lo apreciamos en su defensa sin fisuras de no dejar caer a Grecia en el precipicio y en su apuesta clara por Europa, incluso con la opinión en contra de parte de su propio partido y de poderosos miembros de su Gobierno, como el ministro de Finanzas que abogaba por el “Grexit”. Y ello también a pesar de que, según las últimas encuestas, el tercer rescate a Grecia le ha pasado factura entre los ciudadanos, con una bajada de dos puntos hacia su formación.

Muchas veces vapuleada e insultada con inadmisibles calificativos, fotomontajes y caricaturas con los que populismos e izquierdas radicales pretenden convertirla en emuladora de Hitler, Angela Merkel demuestra con los hechos que está a la altura de las circunstancias. Y no son éstas precisamente cómodas. Porque la “repugnancia” que nos susciten determinadas reacciones, no debe ocultarnos el hecho de que se alimentan de un problema real y pavoroso: una crisis migratoria de proporciones descomunales que está colocando a Europa ante una situación límite y, hasta el presente, carente de respuesta efectiva.
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