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ENERGÍA Y BRÍO EN UN GIRO EN LA CARRERA DEL CINEASTA

Un día perfecto: el Aranoa más punk

viernes 28 de agosto de 2015, 09:58h
Un día perfecto: el Aranoa más punk
Fernando León de Aranoa estrena un trabajo que se separa del tono más o menos reposado que ha caracterizado su filmografía y firma una refrescante tragicomedia negra con Benicio del Toro y Tim Robbins.

UN DÍA PERFECTO


Director: Fernando León de Aranoa
País: España
Guión: Fernando León de Aranoa (basado en la novela Dejarse llover, de Paula Farias)
Reparto: Benicio del Toro, Tim Robbins, Olga Kurylenko, Mélanie Thierry, Fedja Stukan.
Sinopsis: Un grupo de cooperantes trata de sacar un cadáver de un pozo en una zona de conflicto. Alguien lo ha tirado dentro para corromper el agua y dejar sin abastecimiento a las poblaciones cercanas. Pero la tarea más simple se convierte aquí en una misión imposible, en la que el verdadero enemigo quizá sea la irracionalidad. Los cooperantes recorren el delirante paisaje bélico tratando de resolver la situación, como cobayas en un laberinto.

Lo mejor: El ritmo, el humor y la música / Benicio del Toro y Tim Robbins
Lo peor: El personaje de Olga Kurylenko, que sirve de contrapunto al de Del Toro, pero al que le falta desarrollo propio.

Cuenta Fernando León de Aranoa que, cuando trabajó como documentalista integrado en un grupo de cooperantes en Bosnia en 1995, una pintada en un muro hizo saltar la chispa. “En Ruanda están peor”. El humor como medicina, como bálsamo, como clavo ardiendo. El cineasta ha recogido la esencia de esa brizna de lucidez en medio de uno de los conflictos bélicos más cruentos del siglo XX y la ha materializado en película. Con guión del propio Aranoa, basado en la novela de Paula Farias Dejarse Llover, el madrileño crea en Un día perfecto una muestra –sino perfecta, algo parecido- de que se puede hacer cine comercial con un trasfondo enjundioso e incluso necesario; o, desde otra perspectiva, cine social dirigido a un público amplio. Y es que Aranoa no ha abandonado el componente de antropología contemporánea que recorre su filmografía desde el principio, pero lo envuelve de comedia, de road movie gamberra, de una enérgica banda sonora y un humor que viaja entre el absurdo y el negro; de modo que Un día perfecto admite lecturas a distintos niveles, fácil de ver, entretenida y, al mismo tiempo, con entidad dramática y fondo, si se quiere, reflexivo.

La cinta sigue a un grupo de voluntarios de una ONG que deben realizar una aparentemente sencilla tarea: extraer de un pozo un cadáver antes de que contamine el agua de la que se abastece un pueblo de las montañas balcánicas. Algo tan básico como conseguir una cuerda se convierte en misión imposible y pone en evidencia el absurdo de toda guerra. Ellos, los cooperantes, son quienes parecen retener el poco sentido común que aún osa presentarse de cuando en cuando en mitad del conflicto bélico, al tiempo que cada uno carga con su propia mochila: la de quien empieza a sentirse derrotado por la omnipresente frustración, la que llega rebosante de idealismo y choca contra la burocracia o esa que ya no conserva nada del mundo exterior al microcosmos de la guerra.

Aranoa logra el equilibrio necesario para dar pinceladas sobre el quién es quién dentro de sus personajes sin perder de vista el conjunto de la trama y la esencia de la historia. El cineasta se apoya para ello en un reparto a la altura, capitaneado por Benicio del Toro y su Mambrú, el responsable del grupo, y en el que Tim Robbins soporta la mayor parte de la carga cómica sin despeinarse, toreando con gracia el peligroso punto de excentricidad de su personaje. Completan el cartel Mélanie Thierry, Olga Kurylenko –en el que es, quizás, el personaje menos desarrollado- y Feda Stukan, el intérprete del equipo y responsable de conectar en ciertos momentos claves de la cinta el pequeño universo que crea Aranoa con la realidad del conflicto de los Balcanes.

Esa es, precisamente, una de las fortalezas de la película. Es una película de guerra en la que no se ven ejércitos, disparos o explosiones –acierto también del cineasta el ubicar la acción en el limbo que aparece entre la paz en el papel y el cese de la violencia en el terreno-. Aranoa propone un tono refrescante y diferente en el que la acción no está en la línea de fuego, sino en los "fonteneros de la guerra", según define el propio Mambrú su trabajo. Un punto descarado pero respetuoso, que huye del melodrama sin caer en lo superfluo.

Mención merece también la banda sonora de la cinta, que se vale de la potencia del punk rock para dotar de energía al conjunto. Y lo logra. Frente al último trabajo de Aranoa, la contemplativa y humanista Amador, la sensación más primitiva que arranca Un día perfecto tiene que ver con la fuerza, el dinamismo o brío. Y el cineasta se sirve de todos los elementos a su alcance para jugar con los contrastes de una especie de ‘buenrollismo’ irónico y malhablado en mitad del dramatismo de una guerra. El punto álgido, la realización de las secuencias más sensibles de la trama al ritmo del Sweet Dreams de Marilyn Manson.

La cinta cierra de forma inteligente, poética y reflexiva para terminar de redondear una película fuerte, atractiva y bien desarrollada.
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