El coordinador de Convergencia, Josep Rull, tildaba de “show propagandístico del Estado” el registro llevado a cabo ayer por la Guardia Civil en la sede de su partido. Dicho registro se extendía también a la sede de la Fundació CatDem, vinculada igualmente a Convergencia, así como a cuatro ayuntamientos barceloneses y al domicilio particular del ex tesorero del partido, Daniel Osàcar. La actuación judicial se enmarca en la investigación por el presunto cobro de comisiones ilegales del 3%, algo que ya en su momento denunció Pascual Maragall.
El tema no es nuevo, así como tampoco las excusas de Convergencia. Es consustancial al nacionalismo patrimonializar a Cataluña; convertirse en únicos propietarios y poseedores de una comunidad autónoma en la que durante demasiado tiempo han hecho y deshecho a su antojo, con total impunidad. Rull teme que la investigación saque a la luz tramas que son un secreto a voces desde casi la fundación de Convergencia, y el efecto negativo que ello tendría en su plan rupturista.
Desde hace años, el nacionalismo catalán lleva repitiendo de forma tan cansina como falaz la máxima “España nos roba”. Va a resultar que el predicado es cierto, y que sólo varía el sujeto. Porque en realidad, son los nacionalistas catalanes quienes, con el secesionismo como cortina de humo, llevan décadas esquilmando a todos los españoles, catalanes incluidos. Y eso es algo que debería tener muy presente su electorado en las próximas autonómicas de septiembre, plebiscitarias o no.