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CRÓNICA ECONÓMICA

Los autónomos pagan de 859 a 3.505 euros más al año

lunes 31 de agosto de 2015, 18:56h
Uno de los grandes músculos de nuestra economía es el que ejercitan los autónomos.

Uno de los grandes músculos de nuestra economía, y de cualquiera, es el que ejercitan los autónomos. Merece la pena detenerse en cuál es la función económica del autónomo, pero antes vamos a atender a su situación actual y la evolución de su fiscalidad.

Para hacerlo nos vamos a valer de un pequeño informe elaborado por El Club de los Viernes, que pese a lo que pueda sugerir lo informal del nombre, es un think tank muy interesante. CdV hace un repaso a la evolución que ha experimentado su fiscalidad en los últimos años.

Así, el tipo de cotización era del 26,5 por ciento en un principio, una fiscalidad ya muy amplia. Pero el 1 de enero de 2008, según recuerda CdV, “se les obligó (salvo excepciones muy marginales) a cubrir con la Seguridad Social la prestación por incapacidad temporal, que hasta ese momento era voluntaria. Ello incrementó 'por decreto' la cotización en 3,3 puntos más, pasando entonces al 29,8 por ciento”.

El siguiente paso fue reclamar la cobertura para un accidente de trabajo, a cambio de lo cual pasaron a pagar 2,5 puntos más de cotización, aunque según el caso puede ser de 0,9 puntos a 7,15. Así, hemos dado un salto que llega al 32,5 por ciento; prácticamente un tercio. Entonces de ofreció un nuevo quid pro quo en la forma de una prestación por cese de actividad, asimilable a la prestación por desempleo de los trabajadores por cuenta ajena, a cambio de otros 2,2 puntos. Y aún hay que sumar un 0,1 por ciento más para sufragar los cursos de formación.

Paso a paso, hemos pasado del 26,5 por ciento al 34,6, lo que supone un sobrecoste, para quienes contizen por la base mínima, de 859 euros al año, y de 3.505 euros si cotizan sobre la base máxima.

Esto lo habrá logrado el Estado a base de imponerse sobre la voluntad de los autónomos, que se resisten a pagar obligatoriamente estas cantidades añadidas, cabe pensar. Pero lo que ha ocurrido es que estas constantes subidas en la fiscalidad de los autónomos se ha hecho con la iniciativa y el apoyo de las organizaciones representativas, como ATA.

Estas organizaciones consideran avances obligar a todos los autónomos a pagar unas prestaciones. Éstas siempre señalan a las prestaciones y las venden como logros, con el argumento de que así se acercan a las que tienen los trabajadores por cuenta ajena. Pero hay al menos dos fallos en esta postura.

Uno de ellos es que consideraríamos injusto que nos obligasen a contratar a una empresa un servicio que deseamos, más o menos, a un precio prefijado. Pero eso es lo que ha ocurrido. Si la base de cotización es baja, el autónomo puede decidir si dedica el resto de la renta al consumo, al ahorro, o a la contratación de servicios como los sanitarios, u otros. A medida que sube la cotización, se restringe la libertad de elección de los autónomos. Y si para algunos el avance en prestaciones a costa de una mayor cotización puede ser conveniente, no lo será para todos.

El segundo es que los autónomos no son sólo trabajadores. “Autónomo” es un adjetivo, pero se utiliza como un nombre. Se refiere a una categoría de trabajadores. Pero una cuestión es la clasificación legal o fiscal de un agente económico y otra su función económica. Tal como explica Ludwig von Mises en La Acción Humana, hay tres funciones económicas: La del empresario, la del trabajador y la del capitalista. El trabajador es quien desempeña una actividad económica fruto de su quehacer. El capitalista es quien ahorra, y no consume toda la renta que genera. Y el empresario es quien decide a qué destinar los recursos. El autónomo puede ser ahorrador o no, pero desde luego es un trabajador y asimismo es un empresario.

Así, y según recoge CdV, “el régimen especial del trabajador autónomo es el único en el que persistía cierta libertad, el único que te permitía elegir libremente coberturas y cuantías a pagar, ya fuese a través del paraguas de la Seguridad Social o de aseguradoras privadas”. Y añade: “Detrás del persistente mantra de “los autónomos estamos discriminados”, se persigue la falaz asimilación del autónomo al asalariado, cuando son figuras sustancial y conceptualmente distintas. Pero lo peor es que esa carrera en pos de derechos, en realidad no es más que una carrera hacia la imposición de obligaciones y la pérdida de libertad en la autogestión por parte de los trabajadores autónomos”.
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