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Pescadores en pie de guerra

sábado 31 de mayo de 2008, 21:49h
Miles de pescadores se congregaron este viernes frente a las puertas del Ministerio de Medio Ambiente. Sus quejas, sus exigencias, son las mismas que vocean los representantes de otros sectores, como la agricultura o el transporte, y se escuchan en prácticamente todo el mundo. El mal que les aqueja es global, como global es la economía; se trata del aumento del precio del petróleo, que sigue siendo una fuente abundante de energía, pero a precios exorbitantes. El precio de los carburantes, en efecto, se come los beneficios y lleva a empresarios y trabajadores a amarrar los barcos. Muchas empresas no sobrevivirán este embite. Sus dueños, sus trabajadores, se mueven entre la incertidumbre y la desesperación. Y miran al Gobierno buscando una respuesta.

El precio del carburante tiene dos componentes, uno que responde a los avatares del mercado y otro que está impuesto por el Gobierno y que forma parte de su feroz apetito por la renta y la riqueza de los ciudadanos. Nicolas Sarkozy ya ha pedido a la UE, ni siquiera una rebaja, una suspensión del IVA de los carburantes y en Bruselas ya se le ha respondido negativamente. Cabe pensar que las autoridades europeas temen sentar precedente y no quieren volver a enfrentarse al coste político de subir de nuevo los impuestos cuando el precio del combustible caiga.

Pero más allá de la voracidad insaciable del Estado por los bolsillos de los ciudadanos, hay un aspecto en este problema que se obvia, pero que resulta esencial. Entramos en el juego del mercado, del que depende nuestra civilización tal como la entendemos y nuestra misma supervivencia. Y tenemos que aceptar sus avatares tanto cuando nos son favorables como cuando nos son adversos. Es característico de las economías libres que cuando un coste sube de forma notable la estructura productiva se reajusta; se cierran empresas que ya no son rentables y los recursos a ellas destinados quedan liberados.

Podemos comprender los motivos de pescadores, agricultores y transportistas y otros ciudadanos afectados para quejarse por la subida del petróleo. Podemos exigirle a los gobiernos que moderen sus ansias recaudatorias. Pero lo que no podemos pretender es que el Gobierno nos preste ayuda, con el dinero de todos, cada vez que el mercado no nos favorece. Si exigimos de los gobiernos socializar nuestras pérdidas, más pronto que tarde nos encontraremos con algún político que proponga socializar nuestros beneficios. Y eso ya sabemos a donde conduce: al “camino de servidumbre”, como nos explicó Hayek. Por lo que se refiere al sector de la pesca en concreto, además, tiene que hacer un ejercicio de realismo y enfrentarse a una reestructuración necesaria.
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