www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

El mobbing escolar

Juan José Vijuesca
miércoles 02 de septiembre de 2015, 19:40h
Cuando uno está hasta el mismísimo hinojo por tanta inanición social, guarda para sí la facultad de mandar todo al carajo antes de caer en la tentación de frivolizar con lo bueno y lo malo de la vida y sus consecuencias. En este país, y gracias al criterio de una cierta y asquerosa panda de moralistas, nos han inoculado de manera sistemática una devota cultura para confundir lo que está bien y lo que no; de tal manera que premiar al canalla está mejor visto que lo contrario.

Tenemos lo que nos merecemos y así nos va en este carro tirado por la vergüenza ajena, donde los responsables no solo se mofan de lo que pasa, sino que además están poseídos por un extraño conjuro para no poner remedio a tanto desmán. En este abominable tema del acoso escolar no cabe en cabeza juiciosa tanta crueldad como se despacha hoy en día una buena parte de niños y niñas cuando aún no se aúpan siquiera a la adolescencia. Digo crueldad, maldad, bestialidad, violencia o salvajismo, por decirlo en diferentes idiomas, porque es lo que practican estas criaturas como medio de integrismo gremial para hacer la vida imposible a la víctima en cuestión. Para ellos este malévolo juego se asocia a una muy peligrosa hazaña, de manera que una vez elegido el blanco de su caprichoso recreo el resto es cosa de participar según el rol de cada cual.

Disculpen si mi exacerbada opinión me lleva a pronunciamientos de asqueo, pero tener ya mártires a partir de los siete, ocho, o diez años, por lo amoral de un sistema educativo con clara indefensión pedagógica o simple irresponsabilidad de padres o entorno familiar, merece sentir cuanto menos la repugnancia de lo que está sucediendo en colegios y centros docentes. Todo ello es reflejo de una servidumbre hacia aquello que, a demanda de nuestros hijos, entendemos como kit de supervivencia, léanse móviles, redes sociales y otros medios de largo alcance. Bien entendido, no todo puede ni debe formar parte del bienestar de un menor poniendo a su antojo el mundo por montera. Hoy en día el menor tutea al adulto en recursos propios haciendo alardes de un dominio de los medios que sonroja; pero lo anecdótico del conocimiento no simplifica el gravísimo problema que tiene la sociedad con la práctica del mobbing o persecución implacable a la víctima elegida.

Aquí todo se derrumba cuando un niño o niña, perseguida, acosada, maltratada, violentada y al final, destruida física y psicológicamente, acaba en el abismo del suicidio o en una convivencia nada deseable por los tiempos que guarden sus propias secuelas. El juego que se gastan ciertas criaturas al albur de la pedagógica tapadera que representa ir al colegio, hace que para muchos padres y madres crean que con la escolarización, los libros y la mochila ya está resuelta la jornada. Miren ustedes, no confundan y sobretodo no descarguen su responsabilidad educacional sobre las espaldas de cualquier educador ejemplar o autoridad en la materia, ese no es el trato. Aquí hay que juzgar al menor con una ley de castigo ejemplar y a los tutores con una ley de abandono de obligaciones, tan firme como contundente. En el manual de padres de familia viene bien explicado, créanme. No matarás.

De toda esta barbarie en ciclo de precocidad, a nadie se le escapa la cantidad de casos conocidos por los diferentes medios; ahora bien, en silenciosa penitencia se guardan cientos de hechos con idéntica analogía para quienes sufren esta lacra. Miedo tiene que darnos cuando algún día, en el despertar de tan asquerosa conducta nos encontremos ante un joven portando un kalashnikov dispuesto a cometer el crimen de su particular cruzada, pues tengan por seguro que aquél diabólico juego, siendo aún unos niñatos en prácticas del acoso y la tortura, les fue enseñando como escalar posiciones para enriquecer su hedonismo hasta convertirse en réplica yihadista. No exagero, y si no vean lo prostituido que está el ambiente que nos rodea con hijos que extorsionan y maltratan a sus padres, delincuentes, maleantes, incluso violadores, cada vez más jóvenes. Asusta, ¿verdad?, pues les recuerdo que en el convenio regulador que todo ser humano suscribe con la sociedad quedan establecidos los derechos y obligaciones para con nosotros mismos, incluidos los hijos o menores a nuestro cargo.

Algo tiene que cambiar y si es posible mañana mismo, aunque no exista el estado perfecto, sirvan los ejemplos de cultura social envidiable de Finlandia, Noruega y otros lugares de anhelada convivencia que nos publicitan. Nadie dijo que una vida como la nuestra sirviera para comparar a nuestros hijos con los de otros; pero ser gordo o delgado, rubio o moreno, alto o bajo, llevar gafas o corrector dental, calzar un 26 o un 31 cuando se tienen seis, siete, ocho, diez años, catorce o quince, equivale a la igualdad en respeto y a dejar de dar por la arcada con eso del percentil de unos y las dioptrías de otros. Así pues, con la vida de los demás tolerancia cero, que en este país repugna la mansedumbre de tanta contemplación y la falta de castigo ejemplar que merecen quienes juegan con el fuego de la vergüenza indecente.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (29)    No(0)

+
2 comentarios