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TRIBUNA

Los enemigos del papa Francisco

martes 08 de septiembre de 2015, 19:52h
Actualizado el: 21/07/2016 00:07h
Leí hace no mucho dos titulares bien distintos, aunque con idéntico protagonista y coincidentes en el tiempo: “Francisco abre las puertas de la Iglesia a los homosexuales” y “la nulidad matrimonial será rápida y gratuita, o sea, todo lo contrario que hasta ahora”. El primero se refería a unas declaraciones hechas en tono informal a los periodistas que vuelan con el Papa en sus viajes, y en las que el pontífice afirmaba que “todos somos hijos de Dios, homosexuales o no”. Claro. La Iglesia nunca ha tenido su fuerte en la política de comunicación, y es verdad que hay cosas que deberían haberse explicado mejor desde hace tiempo. También evoluciona, al igual que su discurso, pese a que los fundamentos de su doctrina permanezcan inalterados -son fundamento del mensaje de Cristo-. Duele que en el pasado no se actuase con la debida diligencia en casos de pederastia, y que divorciados y homosexuales no sintieran mayor acogimiento pero, afortunadamente, eso pertenece al pasado.

El alcance del segundo titular es algo más amplio. Hasta ahora, el proceso de nulidad matrimonial era “costoso, pesado y en ocasiones corrupto” -Francisco dixit-. Si alguien quería obtener la nulidad lo tenía muy difícil a no ser que cumpliera dos requisitos: o tener mucho dinero o tener padrinos. Esa es una de las muchas cosas que quiere reformar el papa, aunque le va a costar Dios y ayuda. Al menos lo está intentando, lo que resulta digno de tenerse en cuenta.

La cita es de Churchill: “mis adversarios están en la oposición, a mis enemigos los tengo en mi propio partido”. Algo de eso le pasa a Francisco. Juan Pablo II tomó la decisión de dar poder a los “movimientos” -Opus y Camino Neocatecumenal sobre todo-, buscando una mayor movilización de los fieles. Lo hacía para intentar llenar el vacío provocado por la ausencia -o, al menos, poca presencia- de “fieles sin galones”; esto es, que no pertenecen a ningún movimiento. El resultado, sin embargo, es difícilmente medible. Francisco, en cambio, ha adoptado una dialéctica tendente a buscar lugares de encuentro, en donde caben todos, con independencia de su “filiación”.

Soy de los que piensa que a veces un exceso de celo mal entendido puede resultar contraproducente; también en materia de fe. Así, tanto integristas como progres tratan de arrimar el ascua a su sardina, olvidando que la zarza que no se consume arde para todos por igual. Francisco tiene enemigos dentro, sí, los que desde posiciones enfrentadas hacen una guerra sin causa ni beneficio. Pero son más numerosos los de fuera: aquellos que intentan atacar a la Iglesia usando al Papa como ariete.

El pobre tiene demasiados frentes abiertos. Quizá por ello tarde en ganar algunos, y otros sencillamente no pueda ni tocarlos. Recientemente hacía suya una de las frases más bellas de Madre Teresa de Calcuta: “el mayor mal es la falta de amor y caridad, la terrible indiferencia hacia nuestro vecino que vive al lado de la calle, asaltado por la explotación, corrupción, pobreza y enfermedad”. Por ahí quiere ir el papa. Se ha dado cuenta de que la defensa del medio ambiente y la crítica del capitalismo sin escrúpulos son un deber ético y pastoral, y que la corrupción ofende a la conciencia cristiana. Habla de caridad y de los pobres, sin ampulosidades ni poses intelectuales. Se le entiende bien, vaya. Dios le ayude.


Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

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