El nueve de septiembre ha tenido lugar en el Congreso de los Diputados la presentación del libro homenaje al Profesor Andrés Ollero (Una filosofía del derecho en acción), actual magistrado del Tribunal Constitucional y catedrático de Filosofía del Derecho en la Universidad Rey Juan Carlos. El acto estuvo presidido por Jesús Posada, Presidente del Congreso de los Diputados quien se encargó de moderar la mesa formada por el Presidente del Tribunal Constitucional, (D. Francisco Pérez de los Cobos Orihuel), el Rector de la Universidad Rey Juan Carlos (Fernando Suárez Bilbao), el catedrático emérito de Filosofía del Derecho de la Universidad de Frankfurt (Wolf Paul), el propio Andrés Ollero y por mí misma, en calidad de coordinadora del libro homenaje junto al profesor José Antonio Santos.
La impresionante obra de 2700 páginas, elaborada con motivo de su setenta aniversario de nacimiento, y editada por el servicio de publicaciones del Congreso de los Diputados, recoge las contribuciones de 150 profesores de universidades españolas y extranjeras de distintas disciplinas que abordan los grandes temas de la Filosofía del Derecho. Si los discípulos (y colegas coetáneos) son la biografía del maestro, creo que el hecho de que esta obra recoja excelentes contribuciones de profesores de muy variados -y hasta lejanos- países como Taiwán, de generaciones y disciplinas muy diversas, es una muestra más de que estamos ante una vida rica, bien aprovechada e intelectualmente brillante.
La notable diversidad y heterogeneidad de rótulos que agrupan las contribuciones de los autores en el libro ponen de relieve no sólo la versatilidad del autor sino su profunda vocación iusfilosófica, lo que precisamente le condujo a comenzar a estudiar, desde muy pronto, los principales problemas que vertebran el pensamiento filosófico-jurídico contemporáneo sin olvidar nunca la importancia de las raíces históricas, lo que con nitidez se ha visto reflejado en su obra a través del estudio de los clásicos del pensamiento iusfilosófico. Hay que reconocer en él la virtud de hermanar las almas filosóficas a través de los siglos y, como diría Quevedo, saber escuchar con los ojos a los pensadores que nos han precedido”, puesto que, como recordaba Goethe, “lo que heredaste de tus padres, conquístalo para poseerlo”.
Creo que el hecho de que Andrés Ollero durante cinco Legislaturas y a lo largo de diecisiete años fuera miembro del Congreso de los Diputados no hace sino reflejar el profundo compromiso vital y personal que ha tenido siempre con la realidad social, lo que además ha acrecentado si cabe, todavía más, lo que es su verdadera vocación: la Universidad. Prueba de ello es que terminara abandonando, por voluntad propia, su escaño el 1 de octubre de 2003 para dedicarse en exclusiva a las tareas docentes e investigadoras en la Universidad Rey Juan Carlos.
En realidad, hablar de la obra de Andrés Ollero como de “una filosofía del derecho en acción”, a mi modo de ver, es sólo una manera de expresar que su pensamiento es un pensamiento dinámico, abierto, permeable; lo que precisamente le permitió, sin rigideces, estudiar los grandes temas de la filosofía del derecho de nuestro tiempo y además evolucionar a través de distintas etapas que enmarcan su nutrida trayectoria intelectual. Pero por si esto fuera poco creo que además estamos ante una filosofía del derecho en acción “con coraje cívico”. Y añado al título esta matización porque pienso que Ollero es uno de esos maestros que no enseña lo que se debe pensar sino que enseña a pensar, fiel a la herencia orteguiana de que, lo queramos o no, “somos nuestras ideas”.
A mi modo de ver, si hay un mensaje que cala hondo en quienes se acercan al pensamiento de Andrés Ollero, este es que lo importante no es el cultivo del respeto escrupuloso a la ley sino a la justicia. Como ya destacó Víctor Hugo: “Es cosa fácil ser bueno, lo difícil es ser justo”.
La filosofía jurídica se nos revela en su obra no como un modo distinto de saber sobre el derecho, sino como una llamada al jurista para que sea consciente de qué es lo que hace cuando maneja o se introduce en el universo jurídico, a sabiendas de que todo jurista genera una filosofía práctica cuando trata de hacer justicia.
La filosofía del derecho aspira a convertirse en el factor más humanístico del derecho, podría llegar incluso a decirse, en la humanidad por excelencia. De tal manera que para que el Derecho ayude a dar sentido a la convivencia social y conecte con las humanidades resultará decisiva la reflexión iusfilosófica.
Como a Andrés Ollero le gusta recordar, los griegos ya fueron conscientes de la importancia de las humanidades cuando pasaron de ocuparse de la cosmología a profundizar en la antropología. Se da un paso de gigante entonces porque las preguntas en torno al hombre logran no sólo aumentar el grado de conocimiento personal sino, lo que es más importante, al contar con la ética y la política como nuevas disciplinas, consiguen hacer al hombre más humano. Hay que reconocer la lucidez de los griegos cuando emparejaban el Derecho con la Medicina por considerar que ambos eran saberes prácticos en los que había que evaluar los datos disponibles y ponderar las medidas en función de su sentido.
Creo que sobra aclarar que con este libro homenaje no se pretende poner punto final a una vida investigadora, iniciada por vocación, e indiscutiblemente fructífera sino tan solo celebrar, con la excusa de su 70 aniversario de nacimiento, una carrera envidiable, verdadera referencia en el ámbito académico nacional e internacional, por haber venido marcada por la reflexión, el trabajo concienzudo y el rigor intelectual. No me cabe duda de que el Prof. Ollero nos seguirá ofreciendo el regalo de la lectura de nuevas publicaciones y con ellas la posibilidad de debatir con él sus contenidos, algunas veces provocadores, sazonados a menudo por la ironía y por un agudo sentido del humor, pero siempre desde la apertura y la humildad intelectual propia de los grandes maestros.