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LOS GOZOS Y LAS SOMBRAS

De amaestrados y pusilánimes

José Antonio Ruiz
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jantonruytelefonicanet/9/9/20
viernes 18 de septiembre de 2015, 22:27h
Lo que va de la Cataluña amaestrada a la España pusilánime.

El suicidio de la razón, querido Albiac, es el más lacerante. De la asnada rocinante embaucada en el fraude de la nación desposeída se puede esperar lo mismo, o sea, nada, que de los cabestros que han participado en la tortura infringida al Toro de la Vega de Tordesillas, vestigio macabro de la Iberia cavernaria, ajena a la teoría darwinista de la evolución de las especies.

El problema no son las ideas, por equivocadas que puedan ser, sino la discapacidad cognitiva derivada de la ausencia de masa neuronal, tan propia de quienes acostumbran a utilizar la cornamenta para topar.

Al tiempo, España, alanceada, acabará siendo arrojada a la plaza del pueblo desde lo alto del campanario, ante la inhibición cómplice del respetable, que contemplará, impávido, el ‘descogorcio’ del pobre animal, con la sesera ensartada en la tapa de la alcantarilla del alumbrado público. Falta de luces… de Bohemia.

Si gana el ‘Juntos Jodemos’, quedará demostrado por la vía de los hechos consumados que el cortijo no merece la pena, por la insuficiencia mental de los unos y la incomparecencia vergonzante de los otros.

No hay más cociente intelectual en un rebaño por el simple hecho de aumentar el número de ovejas y convertir la Meridiana en una cañada real; ni el cabrero es más sabio porque se entienda con su perro y sus borregos mejor que con los sapiens.

En todas las facetas de la vida, mayormente en la política y el periodismo, abundan los oligofrénicos que en lugar de cerebro alojan en su melón un tronco como el de la chimenea del Despacho Oval de la Casa Blanca, dicho sea sin señalar a nadie, no vaya a ser.

Allá los españoles que viven en CAT si al final encomiendan su alma a un tal Raúl Romeva, cuyo mayor alarde intelectual ha sido el de cursar una protesta oficial en el foro europeo para denunciar la patada que Pepe le propinó a Messi, elevando el episodio balompédico a la categoría de conato de agresión de la puta España merengue contra el delirante imaginario culé nacional-catalanista.

Siento ser tan ordinario. La patria me la suda, aunque mis dos últimos libros hablen de España. O sea. Pero no es la patria lo que está en juego, sino uno de los eslabones del ADN que se creían endémicos del ser humano.

No me entristece, sino al contrario, que alguien quiera declararse independiente, es decir, que aspire a ejercer el derecho a pensar por su cuenta; sino que abjure del ejercicio de la razón y prefiera seguir al cabrero como las ratas al flautista de Hamelín.

Nada que no hayamos visto antes. El comportamiento gregario, tan propio de las sociedades alienadas y amaestradas, se hace presente en los tiempos de turbación, aunque no encuentre a su Le Bon capaz de articular un discurso de denuncia, ni nadie que se atreva a rememorar con fundamento académico la reedición de los fascismos de entreguerras, por miedo a que le tachen de facha.

No ha habido a lo largo de la historia ningún aprendiz de dictador que no tuviera una erección a cuenta de la necesidad de abrir un «período constituyente». Suele ser la manera más obscena, vil y grosera de tratar de dar apariencia de legalidad a los golpes de estado encubiertos bajo el mantra del pueblo congregado en el establo de la urna cual asnada rebuznante.

El problema de quienes van a echarse al monte el veintisiete no es que estén dispuestos a “desengancharse” de España, sino que se desenganchen definitivamente del bien más preciado del hombre: la capacidad de pensar, a partir de la cual son posibles las demás facultades racionales. Dicho lo cual, los hay que debieran haber nacido directamente cuadrúpedos.

Veo al tal Sabino hecho un basilisco, arrancando las hojas de otoño de un ejemplar de la Constitución, dando ladridos bajo el techo agujereado a tiros por Tejero. Y pienso que allí donde su apellido (Cuadra), tenía que estar el di-puta-do de Amaiur, a la vista de lo mucho que parece tener en común con los équidos disfrazados de lagarterana, con una camiseta pintarrajeada con la bandera independentista del ‘Oasis’ y aspecto de despreciar el jabón Heno de Pravia.

Ya puestos a elegir, mejor una España rota que una España asimétrica, sodomizada por los chantajistas con la complicidad de los palmeros del régimen, mayormente la prensa adicta al servicio del poder de turno y de los caprichos de la burguesía indolente, que se pasa el día haciendo felaciones al ganadero.

«Debatiré con Junqueras porque no puedo seguir en silencio», dice un tal Margallo, como si fuera una cuestión personal y le fuese la vida en ello; mientras muchos nos preguntamos qué coño pinta el ministro de Exteriores debatiendo con el número cinco de la candidatura de Mas, con el pinganillo puesto porque en el duelo de plantó catódico está previsto que el uno hable en catalán y el otro se exprese en español.

Este cronista comienza a pensar que hay vida más allá de la política y que a España, que en gloria esté, le pueden ir dando, porque el abajo firmante se baja en la próxima, harto de tantos alegatos sexuales.

Ahora más que nunca hace falta la poesía. Y a Gasol, de presidente de una Cataluña verdaderamente libre y no secuestrada por los mismos que la pretenden liberar.

José Antonio Ruiz

Periodista

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