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TRIBUNA

Viaje papal

Natalia K. Denisova
sábado 26 de septiembre de 2015, 19:55h
Las proclamas y viajes del Papa Francisco son cuestionables y, a veces, lamentables. Durante su primera gira “latino”-americana hizo a los católicos y, diría que a todos los cristianos, soportar lo que el padre Vitoria hubiera calificado como blasfemia. Recuerden el regalo que le hizo al Papa el presidente de Bolivia. Según Vitoria, es blasfemia el “uso del crucifijo para mofa, o de cualquier modo hicieran uso de los signos cristianos para burla, parodiando, por ejemplo, los sacramentos de la Iglesia para reírse de ellos, o cosas por el estilo.” (De Indis). No hay otro nombre que blasfemia para un crucifijo incrustado sobre la hoz y martillo. No hay una vituperación más feroz e impía que este crucifijo para millones y millones de víctimas enterradas por toda Siberia y los Gulag, y que hoy día encuentra su prolongación en las guerras sangrientas y regímenes criminales de Hispanoamérica.

¡Menuda bravura la del Papa, sí, ir a anunciar en el Congreso de los Estados Unidos las miserias del capitalismo! En el mundo libre todo se puede decir. Nada más lógico que la crítica al capitalismo, después de tener un encuentro con mendigos en Washington, algunos de los cuales padecían enfermedades mentales. Sin embargo, en Cuba no tuvo ocasión de encontrarse con pobres… Allí no había pobres ni dementes, porque antes de la visita papal las calles habían sido “limpiadas” de pobres y dementes. Tras visitar a los Castro que controlan el mercado ilegal de armas y suministran con ellas todo tipo de “guerrillas” del continente, es en los EEUU donde anunció la maldad de este oficio. Al visitar un país que causó el éxodo de sus propios ciudadanos, Cuba, el papa Francisco daba a los EEUU una lección de hospitalidad, convirtiendo la migración en el tema principal de su discurso ante el Congreso.

Esta crítica al “imperialismo capitalista” fue reflejada en varios discursos del Pontífice, entre los cuales merece especial atención el del pasado 9 de julio, pronunciado en la población boliviana de Santa Cruz de la Sierra, donde el Papa denuncia el sistema capitalista como el opresor de los trabajadores y campesinos. Si olvidamos que fue pronunciado en el año 2015, me atrevería a decir que por el vocabulario y los conceptos utilizados fácilmente podríamos atribuirlo a la época de los años 60 y 70, cuando el mundo vivía separado por el telón de acero comunista. El régimen soviético demostró su inviabilidad, pero parece que la retórica sigue en pie e inspira un sector significante de los líderes de Hispanoamérica. ¿Pasa lo mismo con el Papa?

Las críticas del capitalismo por parte del Pontífice, sin duda, son necesarias, pero su insistencia en hacer de la libertad de mercado la razón principal de la pobreza en el mundo es tan repetitiva como injusta. El propio discurso del Papa ante el Congreso revela el problema real, a saber, no es el capitalismo, sino la moral de los individuos que lo ejercen. Según The New York Times el Papa señaló que “el negocio es una noble vocación” (“business is a noble vocation”) sin el cual es imposible alcanzar el bien común, aunque omitió la frase: “Si la verdadera obligación de los políticos es estar al servicio de a una persona humana, significa que no pueden ser esclavos de la economía y finanzas.” (“If politics must truly be at the service of the human person, it follows that it cannot be a slave to the economy and finance.”). Según el portavoz esta omisión ha sido un accidente.

¿Es acertada la actitud del Papa? ¿Es acertado hablar de la maldad del capitalismo ante la población hispanoamericana castigada durante años por los regímenes izquierdistas y pseudo-igualitarios? ¿Es acertado repetir hasta la saciedad la leyenda de la “colonización ideológica” ante la población libre y callarlo ante una población ideologizada hasta la médula? El Vaticano ha sido un referente mundial como un poder diplomático y negociador, pero ahora parece perder poco a poco el equilibrio frágil, mientras que se concentra en expresar todas sus simpatías al carismático Papa. Hasta ahora su política tiende a buscar la ayuda a los países pobres de fuera, sin resolver los problemas internos, como si no existiesen. Este victimismo no llevará muy lejos. Es necesario mantener el diálogo con los países donde el régimen político está lejos de la democracia, pero esto no implica hacerles concesiones, complacer a sus “caciques”, poniendo en prueba los sentimientos de la mayoría de los fieles.
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