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RETRO ESPAÑA Y EL MUNDO PERDIDO

Juntos por la futura hecatombe catalana

lunes 28 de septiembre de 2015, 21:17h
Ganar en escaños no es lo mismo que ganar en votos. Los catalanes no quieren independencia y solo 3 de cada 10 de ellos votan por ésta. Aun así el engaño prevalece y los estafadores se envalentonan aprovechando las fisuras democráticas que parecen legitimar el extremismo de las minorías.

No existe peor victoria actual para el futuro de Cataluña que la celebración de Mas y compañía por lo que sería un mañana de llanto y crujir de dientes, cuando los catalanes advirtieran a qué clase de pútrida componenda política se entregan con la codicia del independentismo en estas elecciones del 27-S de ilícito carácter plebiscitario. La economía, pura y dura, despertaría del sueño a los ilusos para llevarles la pesadilla a las puertas de sus casas y con ellas a los barrios y al espacio total de una menuda Cataluña sin anexiones valencianistas o francesas. Cataluña es exigua y sería arruinada por no ser capaz de financiarse por sí misma. Las advertencias sirven de poco. En Cataluña existe un inconsciente, que no subconsciente, colectivo muy arraigado por la irresponsabilidad y la codicia. Se arrepentirán no pocos de haber consentido ser estafados mediante el instrumento político.

La Historia demuestra que siempre hay penitencia para las actitudes despóticas, máxime cuando se agravan con el engaño a un pueblo. Los alaridos de alegría se transformarían en desgarrados gritos de súplica, muy seguramente desatendida. La paciencia siempre tiene un límite.

Es seguro que habría justicia con el devenir de los acontecimientos, cuando esos que hoy berrean triunfalistas comprobaran las nefastas consecuencias que la estulticia contagia al grito de Cataluña independiente. Justicia poética, quizá; bastaría una tragedia en Cataluña para que los avariciosos de la autosuficiencia a costa de España, los rastreros embaucadores del secesionismo encontraran de bruces el desplante español cuando acudieran en tropel pidiendo auxilio a las arcas estatales. Benignos seríamos si evitamos a los catalanes futuribles sufrimientos.

Cataluña se dirige a una hecatombe sin precedentes en cuanto no sea sostenida por España. Esa es la previsión y esa será la realidad si no se aplica sin contemplaciones el artículo 155 de la Constitución. Sin gobernante cualquier país va a la deriva. Este Rajoy ausente es patrón de un barco ya encallado. La reacción ha sido deficiente y , sobre todo, a destiempo. El 27-S ha demostrado que no hay quien pueda enderezar el timón salvo el electorado consciente de lo que está en juego al elegir un futuro Gobierno.

Porque aún queda una oportunidad para salvar a Cataluña de sí misma en las Elecciones Generales. El Partido Popular ha demostrado la pérdida de credibilidad que ha dado alas a Ciudadanos el 27-S. Es una referencia trascendental de cara a la reelección de Rajoy como presidente de un gobierno que ya no convence a nadie. Y Mas no es el único problema. Otros esperan impacientes a verter sus consignas independentistas si PSOE y Podemos se alían para llegar a Moncloa. Entonces ya nada será previsible. De continuar por estos derroteros llegará un momento en que el orden político se quebrará porque no se puede basar la ambición minoritaria en la supervivencia de todo un país amenazado de fragmentación. Tanto se estirará la cuerda hasta lo inadmisible que se romperá a poco que se vivan las consecuencias de un exabrupto sociopolítico e institucional sin precedentes en nuestra moderna Historia democrática.

Los españoles están demasiado hartos de la podredumbre catalanista, pero eso es solo la muestra pionera para otros que seguirán el ejemplo aprovechando el debilitamiento de un Estado rendido a la complacencia de sus gobernantes, incapaces de decidir la defensa de los principios elementales que dan vida al país. No debemos exponernos a este desatino permanente. y peligrosamente desgastador.

Zapatero abrió una vía de agua y Rajoy dejó que se anegara el espacio político con un lodazal independentista cuajado de corrupción que hasta el muy honorable Pujol apesta históricamente con toda una familia parasitando de ciudadanos que siguen apostando por los verdaderos ladrones que les siguen engañando. Los que ganan hoy expelen los mismos hedores disimulados con perfumes de dignidad perdida que antaño, pero celebrados en tropel por la marabunta Juntos por el Sí. Una marabunta que acabará por devorarse a sí misma disputándose los bocados que están en liza con la veleidad catalanista.

A tenor de lo sucedido estas pasadas elecciones una pequeña y ruidosa parte de Cataluña merece a sus políticos, son tal para cual, pero la España constitucional de todos no debe entregarse a tahúres y trileros que pretenden democratizar una estafa. La primera razón es que 7 de cada 10 catalanes rehuyen el independentismo aunque silenciosamente, ese es el problema.

Las espadas de la defensa del bien común están en alto, las de la Justicia también deberían con la venda tan ceñida como para que le duelan los ojos; ciega e imparcial hasta que le torture arrancarse el sectarismo que ha permitido un despropósito con el que Cataluña apuesta por su autodesintegración y con ella la de la vida de todos los hartos ciudadanos de esta España que no parece que vaya a soportar mucho más padeciendo al límite de su propia supervivencia.
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