El Teatro es un poderoso y fiable testigo de la historia y, con frecuencia, se vale de mitos y leyendas para dejar constancia en sucesivos presentes, de costumbres y sucesos ciertos o imaginarios y, el mito del caballo que construyera Epeo el focidio para facilitar a los griegos la entrada en la Troya fortificada, ya advertido por escritores de épocas yuxtapuestas, fue subido a un escenario en Londres.
Fue el dramaturgo británico Elkanah Settle, inspirado en una lejana guerra que duraba ya casi diez años, quien escribió, produjo y dirigió su drama “El sitio de Troya” para representarlo en la “Bartholomew Fair”; el éxito memorable duró varios años, desde su presentación en 1707; para el fastuoso montaje, sin precedente hasta entonces, se construyó a expensas del poeta, un caballo de madera dorada, de más de cinco metros de altura, del que salían cuarenta actores encarnando guerreros armados.
Más cercanos en el tiempo, perspicaces creadores han imaginado nuevos «caballos de Troya». Como el de Çanakkale, construido para la película Troya, de Wolfgang Petersen; uno en Praga, otro en el Hotel Caesars Palace en Las Vegas y el que se encuentra en la frontera mexicana con Estados Unidos. Un nuevo «caballo de Troya» es evocado por la Europa de hoy, sospechando cierto movimiento astuto, engañoso y peligroso, de los islamitas para perpetrar la añorada invasión de Europa, camuflada en un nuevo «presente griego», expresión esta acuñada en ocasión del asedio de Troya, cuando los griegos “regalaron” un caballo en son de paz con un texto en su flanco visible (en el otro estaba la escotilla por la que salieron los guerreros invasores) que rezaba: «Con la agradecida esperanza de un retorno seguro a sus casas después de una ausencia de nueve años, los griegos dedican esta ofrenda a Atenea».
Es presumible que nunca existiera la tal estrategia del “presente griego”. También es probable que la actual “invasión de Europa” no entrañe peligro al tratarse de un “caballo humano” sin carga mortífera camuflada entre sus mesnadas. Pero el Teatro del poeta y comediógrafo Settle, lo advirtió con tiempo suficiente.