Mientras la polémica sobre las circunstancias en las que se produjo el bombardeo al hospital de
Médicos sin Fronteras en la localidad afgana de Kunduz por parte de la aviación estadounidense y en el que fallecieron
22 civiles aún no cesa, otro drama se cierne sobre la región.
El centro hospitalario, inutilizado tras el ataque, daba cobertura y asistencia a una vasta extensión en la que viven
más de 300.000 personas que ahora, con el recinto reducido a escombros, se han quedado sin la posibilidad de ser atendidos.
Las autoridades afganas, todavía dependientes de organismos internacionales y ONGs para dotar de los servicios básicos a su población, es
incapaz de reemplazar el equipo y el personal médico afectado por el bombardeo, por lo que toda la región adolece de un centro hospitalario que pueda ofrecer los servicios mínimos, por no hablar de intervenciones quirúrgicas.
"El hospital de MSF era el único hospital para tratamiento de trauma funcionando en la región. Con su desaparición,
más de 300.000 personas se han quedado sin ningún hospital de referencia, sin asistencia sanitaria", señalaba en rueda de prensa Jens Laerke, portavoz de la Oficina de Coordinación Humanitaria de la ONU.
El problema se ve agravado toda vez que las hostilidades entre las fuerzas gubernamentales y los
talibanes no han cesado en los últimos días. La carretera principal de la región y el aeropuerto siguen cerrados por los combates, por lo que la ayuda externa llega con cuentagotas a una región devastada por años de conflictos. Por si esto no fuera poco, el suministro de agua y electricidad tampoco funcionan.
Naciones Unidas calcula que en las últimas semanas, unas
10.000 personas han huido de la región debido a los combates entre el Ejército y los talibanes.
Los radicales islámicos se han hecho fuertes tras años de retroceso en sus líneas ante el empuje de la coalición internacional y lanzaron hace varias semanas una nueva ofensiva que tiene por objetivo último la toma de Kabul.
En este sentido,
The Washington Post publicaba esta misma semana que el presidente Barack Obama se está planteando retrasar la salida de las tropas estadounidenses de Afganistán hasta
2017 y
dejar un contingente de 5.000 militares de manera duradera en apoyo a las tropas locales.