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TRIBUNA

¡Ay, Carmena!

Juan José Vijuesca
miércoles 07 de octubre de 2015, 20:45h
Qué obsesión tiene la señora alcaldesa con lo de barrer Madrid. Bien por ella si quienes están obligados a limpiar la ciudad la enjabonan y abrillantan, que falta nos hace y para eso pagamos. Desde hace algo más de 100 días no hace otra que insistir en que sea el ciudadano quien asuma el rol de coger la escoba y la fregona para darle aseo al municipio. Primero fue la ortopédica idea de que los padres y madres de los escolares se encargasen de hacer el zafarrancho en los colegios públicos. Ahora viene con la matraca de que los universitarios se dediquen a colaborar en parecidos menesteres, y claro, llega un momento que uno no da abasto.

¿Que usted siente vergüenza al ver la cantidad de basura acumulada en los campus tras los botellones?, pues naturalmente que sí. Le asiste toda la razón del mundo, igual que a cualquiera que guste en ser aseado. Pero eso es tan reprobable como el convivir con las papeleras rebosantes, aceras enmoquetadas por la mugre y los excrementos caninos, farolas precintadas por anuncios ocurrentes, contenedores de obra convertidos en lanzaderas de despojos, andamiajes fosilizados en vía urbana, pintadas bajo relieve en puertas y fachadas, contenedores de reciclaje apuntalados por la degradación, mobiliario urbano con vestigios calcáreos de vaya usted a saber o la descomposición medio ambiental de residuos varios. En fin, Doña Manuela, verá que entre todos la mataron y ella sola se murió.

Estoy de acuerdo con usted, como no puede ser de otra manera, en que algo debemos cambiar para sensibilizar a la sociedad, que no a la suciedad, pues por sí sola la bascosidad no se convierte en Arco Iris como se gasta alguna publicidad engañosa anunciadora de limpiadores domésticos emergentes. Naturalmente que algo hay que hacer, pero no sometiendo a la población activa a trabajos forzosos como medida disciplinaria. A lo mejor haciendo campaña de concienciación e instaurando la fórmula de prestar servicios a la comunidad por aquellos ciudadanos de mal engalane que se desmarcan de la parte más cívica. Ahora bien, como medida terapéutica esto podría servir como ejemplo, pero a expensas de la peineta que le harían quienes se recochinean de todo lo que se menea en sociedad. Sinceramente, creo que la única solución está en la educación general básica; o sea, el hacer pedagogía desde las aulas más precoces.

Para quienes venimos de la dorada nostalgia cuando la urbanidad era asignatura de obligada docencia, hemos cosechado el espíritu de unas reglas de oro en cuanto a civismo se refiere y eso, señora alcaldesa, es lo único que vale para la genética del buen comportamiento en los tiempos actuales; de manera que no caigamos en formar ejércitos de fregona al hombro que solo faltaría eso en el desfile de las Fuerzas Armadas. Enseñar, educar y contagiar de auténticos valores a quienes nos visualizan con nuestros propios ejemplos ya seamos alcaldes, concejales, jubilados, padres y madres de familia o universitarios, porque aquí lo que sobra es voluntad, pero lo que falta es educación y cultura. Y eso sí que debe ser una doctrina.

Usted destaca que no estaría mal que durante dos o tres meses una persona fuera barrendero ocasional. Así dicho suena como enviar a galeras a los castigados y ese no es el camino. Primero porque ser barrendero no es ninguna deshonra, es más, dentro de los profesionales de la limpieza urbana me consta que haya incluso universitarios tratando de ganarse con su honrado trabajo el sustento diario que otras instancias de gobierno, incluido el propio Ayuntamiento que usted regenta, le niegan en oportunidades de rango a sus conocimientos adquiridos. En segundo lugar, usted ha recordado que de joven trabajó en una fábrica de mermeladas como parte del Servicio Universitario de Trabajo subrayando que esta experiencia pudo contribuir a transformar su personalidad al saber lo que es el trabajo manual. Pues muy bien, hay otros que lo hacen como sexadores de pollos y ahí están pasándose doce horas seguidas observando el trasero a los pollitos sin tener más que unos cuatro segundos para determinar su sexo. Le aseguro a usted que este trabajo sí que debe cambiar el metabolismo al trabajador.

Lo de limpiar Madrid a golpe de bando municipal tiene su encanto, no se lo niego, pero hay que saber diferenciar lo bucólico del desempeño de labranzas por irrigación ideológica. Todos a fregar las calles de la ciudad por decreto, pues mire usted, eso en Pyongyang, la capital de Corea del Norte, considerada como la ciudad más limpia del mundo, puede dar resultado, pero es que allí son más de hacer la instrucción hasta para celebrar el Día de la Madre.

En fin, lejos queda la apreciación de Azorín, cuando escribía que no era Madrid propicio a la melancolía y al desgreñamiento romántico, por eso piense muy en serio en la imagen hacia los visitantes si lo primero que recibieran llegados a la capital fuera una fregona y una mopa. Le recuerdo, Doña Manuela, que hay limpieza, no donde se limpia mucho, sino donde menos se ensucia y para eso sí que se hace necesario ir a la escuela.
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