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BIENESTAR, CONSUMO Y POBREZA

Angus Deaton, un gran premio Nobel

martes 13 de octubre de 2015, 08:43h
Angus Deaton, un gran premio Nobel
¿Cómo distribuyen los consumidores su renta entre distintos bienes?, ¿Cuánta renta se consume y cuánta se ahorra? Y ¿Cómo medimos y analizamos el bienestar y la pobreza? Son algunas de las preguntas, con sus respectivas reflexiones, las que le han valido al economista británico-estadounidense Angus Deaton el Premio Nobel de Economía 2015.
La riqueza es el problema, es el enigma que debemos explicarnos, que deben explicarse los economistas y el resto de científicos sociales. El problema lo señaló Adam Smith, y los estudiosos que no se han dejado cegar por la riqueza de las últimas décadas, que conocen bien que su emergencia es reciente y desigualmente dispersa. El fenómeno nuevo, inusual desde el punto de vista histórico, el hecho que se sale de la norma y que por tanto merece una explicación no es la pobreza, que nos ha acompañado desde que empezamos a ser humanos.

Este es uno de los problemas que ha ocupado los esfuerzos de Angus Deaton, un profesor de Princeton, que acaba de recibir el premio Nobel de Economía de este año. El año pasado, The Wall Street Journal ya lo citaba como candidato al premio. Este año, el diario neoyorkino lo volvía a citar, pero en este caso con pleno acierto. Se lo ha otorgado por “sus análisis sobre el consumo, la pobreza y las ayudas”. Lo que es interesante de Deaton es que habla de desarrollo económico, pero retrotrae su análisis a las acciones individuales. Ese es el método más adecuado, para la economía: Atender a las acciones reales, en lugar de hacer adivinanzas, descartables empíricamente, con las macromagnitudes.

El Nobel dice que la obra de Deaton responde a tres grandes preguntas: ¿Cómo distribuyen los consumidores su renta entre distintos bienes?, ¿Cuánta renta se consume y cuánta se ahorra? Y ¿Cómo medimos y analizamos el bienestar y la pobreza?

Deaton mira al desarrollo más desde el punto de vista del consumo que el de la renta. Por eso le ha prestado atención a cuestiones que afectan realmente al bienestar, y que no han recibido anteriormente tanta atención, como el consumo de calorías, la esperanza de vida, la educación, o la salud.

Se vuelve a premiar a un economista que le otorga gran importancia al análisis de los datos, algo muy querido por quienes conceden el galardón. También se ha vuelto a premiar a un economista que estudia el desarrollo económico, como hizo con Amartya Sen. Y no deja de ser un premio a la historia, que él ha reinterpretado en su último gran libro, The Great Escape. Es la gran escapada, porque hemos logrado salir, aunque sólo sea una parte del mundo, de la miseria y de la muerte, de una vida azarosa, insegura, frágil y pobre, que es la que han vivido la gran mayoría de las personas. The Great Escape da cuenta de cuál era esa realidad y de cómo, en parte, la humanidad no ha salido del todo de ella.

Tyler Cowen, en una breve reseña del libro, destacaba algún dato recogido en el mismo, como que en Suecia, en 1751, corría más peligro de muerte un recién nacido que una persona de 80 años. O en Gran Bretaña, hasta 1900, tenía más esperanza de vida un adulto que un recién nacido. “A pesar de haber vivido durante quince años, los adolescentes podían esperar un futuro más largo que los que acababan de nacer”.

El economista, en línea con las últimas investigaciones sobre el desarrollo y siguiendo la estela de Peter Bauer, no cree que las ayudas sean necesarias, o convenientes, para el desarrollo. Señala que si las condiciones para crecer están presentes, excepción hecha del capital, éste acabará llegando. Bien por la inversión foránea, bien se generará del ahorro de los propios nativos. Y que si esas condiciones para desarrollarse no están presentes, toda la ayuda extranjera no servirá para nada, y sólo subvencionará una administración local que ahora estará interesada en mantener el 'statu quo'.
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