La NASA acaba de anunciar que hay agua en Marte. El hallazgo no parece perturbar nuestras emociones. Otra cosa es que hubieran sido pepitas de oro, entonces la cosa estaría al alcance de los depredadores de planetas. Lo cierto es que lo de seguir viviendo en la Tierra se ha puesto complicado últimamente, de ahí que las expectativas de salir con rumbo al planeta rojo resulte cada día más alentador. Cierto es que la Tierra se nos ha quedado pequeña y para algunos ya no representa aliciente seguir aquí por más tiempo. Los terrícolas estamos en plena insubordinación hacia todo lo que se menea; dicho de manera coloquial, ahora hay más voluntariado en ejercicio que gobiernos implicados en corregir la miseria terrenal. De manera que la cosa está en contratar uno de los selectivos viajes con destino a Marte y quedarse a vivir allí de por vida. Parece ser que a partir del año 2025 el servicio discrecional de viajeros con rumbo al dicho planeta estará tan operativo como la línea de Madrid a Parla.
La cosa pinta bien teniendo en cuenta que el billete lo es solo de ida. Quienes vayan al planeta rojo lo harán para no regresar jamás, de hecho un arquitecto argentino ya tiene diseñada la primera vivienda para la colonización marciana; sin duda toda una declaración de intenciones para quienes se animen a invertir en futuras nuevas burbujas. Lo cierto es que lejos de saldar cuentas pendientes aquí abajo, en la Tierra, ya estamos creando expectativas de vida a millones de kilómetros sin remediar que cada año mueran 3,4 millones de personas por consumir agua no potable o que 40 países aún buscan cómo dar agua no contaminada a 1.100 millones de personas. Y como esta parte de la humanitaria responsabilidad descansa en los mismos de siempre, o sea, los todopoderosos magnates, banqueros e industriales que no solucionan ni la hambruna ni dan de beber al sediento, pues lo único que nos queda es emigrar a Marte y beber allí del manantial celestial. Todo un dilema.
Como digo, un grave problema (uno más) se cierne sobre la población contemplativa de las desgracias ajenas y es que los recursos hidrológicos están siendo tan sobreexplotados que el suministro de agua será uno de los grandes problemas en las próximas décadas. Ello gracias a esta odiosa oligarquía existente, mayormente ocupada en cómo sacar grandes beneficios a todo lo que represente multiplicar por 7.000 millones; curiosamente la cifra de los habitantes terrestres. De manera que la liberalización y comercialización del agua será un capítulo de importación y exportación en donde las cuentas de resultados marquen el devenir de la humanidad. Créanme cuando les digo que en la actualidad sólo un 10% de la distribución mundial del agua ya es controlada por empresas privadas, y que para el 2032 el 60% de la población mundial existente vivirá en regiones con una profunda escasez del líquido elemento.
La humanidad ha entrado en clara recesión. Ahora mismo se inhala la dosis de oxígeno para el día a día y el futuro nos trae al vapor de lo que suceda o pueda acontecer. Vivimos en una especie de mercado de ocasión en donde hoy nos vulneran el ánimo con los huidos de una guerra cualquiera, mañana continúa el recuento de muertos por atentados, y pasado toca pasar página para que los emprendedores en divulgación hagan publicidad de sus mejores ofertas. De manera que la vida en la Tierra está fracasada y el futuro en pleno ocaso, de ahí que nada de extraño tenga el pretender huir a otros confines del universo para no volver jamás. O lo que es igual, a planeta muerto, planeta puesto.
Lo cierto es que en la Tierra hoy por hoy está todo como muy usado. El hambre, la pobreza programada, las enfermedades rentables, la política corrosiva, el culto por lo ajeno, etc. Ya saben, lo justo y lo injusto; pero claro, si te dan la oportunidad de salir de la propia atmósfera, pues a lo mejor hay que pensar en lo saludable que es dejar atrás tanta repugnancia social como poderosos inmorales se encargan de administrarla, que dicho sea, gracias a ellos les debemos el control de casi todas las calamidades humanas.
Al parecer el viaje tiene una duración de siete meses. Terrible suplicio si la Biodramina crea dependencia, pues me temo que cuando lleguen a Marte las farmacias van a estar cerradas. Allí no es como aquí, que si farmacia de 12 horas, que si otras de 24 horas; es más, la Seguridad Social planetaria no tiene convenio de reciprocidad, de manera que programas de desintoxicación allí, complicado y muy caro. Decir también que en Marte no es nada fácil intimar, de hecho rara vez se ve a alguien por la calle. Así y todo, es deseable que los que vayan no comiencen a cometer desobediencia como lo hicieran Adán y Eva, que luego vienen los consabidos problemas; las desavenencias de pareja, de inmediato aparecen terceras personas, luego se inicia la guerra de poder, la redistribución de la riqueza, el afán por las independencias y acto seguido nos cargamos otro planeta con eso de la codicia sin límites.
En fin, lo mejor es hacerle caso al refranero: “Agua que no has de beber, déjala correr” porque aquí, en nuestro planeta Tierra, no olvidemos que aún hay millones de seres humanos que esperan no tener que viajar tan lejos para evitar morir de sed. Así pues, que alguien me explique cómo podríamos dar de beber al sediento sin necesidad de recorrer los 225 millones de kilómetros que nos separan de Marte.