La dimisión de Arantza Quiroga como líder de los populares vascos deja al partido muy tocado, más de lo que ya estaba en Euskadi. Es verdad que allí el PP nunca lo ha tenido fácil, aunque también lo es que de un tiempo a esta parte la intención de voto no para de bajar. En consonancia, algo estarán haciendo mal.
La iniciativa parlamentaria “contra la violencia” que ha detonado toda esta crisis revela hasta qué punto la dirección del PP vasco está desnortada: las víctimas, indignadas, y Bildu calificándolo de “interesante”. Por más que se quiera interpretar o buscar contextos imposibles, es un hecho que estamos ante un error de bulto. Y no es el primero.
Al PP de Jaime Mayor, Carlos Iturgáiz o María San Gil se le entendía e identificaba; tenía un discurso claro. Justo lo contrario que al de ahora. Con su perfil bajo y buenista pierde cada día más votantes, ya que no hay nadie capaz de ilusionar a un electorado a la fuga. Si en Cataluña se hubiese nombrado antes a Albiol en sustitución de Sánchez Camacho quizá el varapalo habría sido menor. Y en Euskadi puede suceder algo parecido: o encuentran pronto a un líder de garantías, o el partido puede ser aún más irrelevante de lo que ya es.