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Iglesias, Rivera y la necesaria reinvención de las formas políticas

martes 20 de octubre de 2015, 14:22h
Iglesias, Rivera y la necesaria reinvención de las formas políticas
Durante el cara a cara entre los líderes de Ciudadanos y Podemos se publicaron cerca de 300.000 tuits. Trescientas mil partes de una conversación social entre multitud de participantes interesados e implicados en un debate político.

Fue algo tan opuesto a lo que se etiqueta con ese término tan difuso y peligroso como es ‘lo normal’, que ni siquiera los medios supieron darle el tratamiento que un hito así merecía. Cuesta mucho imaginar un debate televisivo entre dos candidatos a la Presidencia del Gobierno, de los otros, de los de plató y tiempos pactados, que no hubiera salido en todas las portadas a la mañana siguiente. Sin embargo, en la primera página de la mayoría de los principales medios impresos nacionales, el cara a cara que protagonizaron Albert Rivera y Pablo Iglesias en Salvados brilló por su ausencia. Como si solo hubiera sido un programa de televisión más, que como mucho tuviera su sitio en un faldón de Nacional o, casi casi, en la página de audencias.

Desde el prisma de la política tradicional, más de lo mismo. Aquellos que solo saben hacer las cosas como se han hecho hasta ahora, han ninguneado este encuentro, considerándolo como lo que parecía y no como lo que era. No era una tertulia de bar, era un debate político. Aunque fuese en el bar Tío Cuco, era un debate político. Con todas las letras de ambas palabras pero despojado de las dictaduras del protocolo y el oficialismo, esas que tanto han ayudado a alejar la política de la calle.

Que este debate tiene mucha más importancia de estas pequeñas migajas de atención que se le ha concedido desde los vértices tradicionales, lo demostraron los nuevos medios, los sociales, que son los que de verdad hoy miden la temperatura de los hechos y los calibran en su justa medida.

Durante el cara a cara entre los líderes de Ciudadanos y Podemos se publicaron cerca de 300.000 tuits. Trescientas mil partes de una conversación social entre multitud de participantes interesados e implicados en un debate político. Dispuestos a escuchar y con algo que decir. Un 25,2% de cuota de pantalla y 5.214.000 de espectadores también hablan de algo grande, y no en términos de ‘share’.

¿Que el principio de la furgoneta pecó de exceso en su intento de naturalización y buenrollismo? Quizá. El problema es que allí ni estaban sentados dos políticos, ni estaban sentadas las dos personas que hay detrás. Estaban sentados los líderes de Ciudadanos y Podemos jugando a ser Albert y Pablo. Y, en cualquier caso, ni tan mal como primer intento de humanizar un ecosistema en el que los políticos han dejado de parecer personas.

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