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EPPUR SI MUOVE

La intifada de los cuchillos

miércoles 21 de octubre de 2015, 17:29h
Actualizado el: 21 de octubre de 2015, 20:51h

Decía Thomas Paine que “una mala causa será defendida siempre con malos medios y por hombres malos”. Es, punto por punto, lo que está pasando estos días en Israel. Y es tan horrendo en sí mismo como incomprensible el tratamiento informativo que se le está dando. Me recuerda un poco al asesinato sistemático de cristianos por parte del Estado Islámico; no he visto aún una sola portada sobre ellos. Vende más un top less de Miley Cyrus o alguna instantánea de refugiados sirios que buscan cobijo en Europa.

Las imágenes son explícitas. Me quedo con la secuencia de un palestino que embiste con su coche a una parada de autobús, atropella a unos cuantos y apuñala al resto antes de ser abatido. En otra puede verse a un falso periodista -convenientemente acreditado por la Autoridad Palestina- acuchillando a un soldado. Hay más, todas con el mismo modus operandi: ciudadanos inocentes -ancianos, mujeres y niños en su mayoría- apuñalados por palestinos radicales sin ninguna razón. Y en cuanto a la performance del falso reportero, no es la primera vez: en Gaza, por ejemplo, Hamas suele utilizar las ambulancias para trasportar a sus milicianos, todos con su peto de la Media Luna Roja y las armas guardadas dentro.

También han quemado la tumba de José -figura de judaísmo, cristianismo e Islam-. Siendo grave, reconozco que me duele menos la destrucción de un edificio que la de una vida humana, aunque también me pregunto ¿Qué habría pasado de haber sido judíos o cristianos los que hubiesen hecho algo similar con una mezquita? No habría bomberos bastantes en el mundo para apagar tanto fuego. Si es usted noruego, español o australiano y ve cómo sus compatriotas -incluidos sus seres queridos- son asesinados en su propio país ¿Qué clase de reacción pediría a las autoridades? ¿Diálogo con los asesinos? ¿Comprensión, quizá? ¿Alguna justificación o atenuante?

Soy cristiano, y he podido entrar sin problemas al Muro de las Lamentaciones, así como pasear por el barrio de Mea Shearim o visitar algún kibbutz. Esa sensación de seguridad no la he tenido en Belén ni en la Explanada de las Mezquitas. Tampoco pude entrar en Al Aqsa ni en el Domo de Omar -la famosa Cúpula Dorada-, y siempre había detrás la mirada recelosa de algún palestino.

Ya está bien. Se ataca a Israel en bloque cuando Benjamin Netanyahu o el primer ministro de turno hace alguna cosa que no gusta a la opinión pública internacional; todos los israelíes son malísimos y están juramentados con su gobierno. En cambio, si son palestinos los que matan -siempre empiezan ellos-, estamos ante un hecho aislado propiciado por el clima de tensión que les empuja a asesinar, pobrecitos. Yo mismo he criticado más de una vez la política del gobierno israelí, pero no en esta ocasión. Parece que está mal visto denunciar los crímenes palestinos sin meter alguna alusión a Netanyahu. Encima, ahora el origen de todo ha sido un bulo lanzado por redes sociales árabes sobre un falso cambio en el estatus de la Explanada de las Mezquitas. Lo que hay detrás de los palestinos que están asesinando a ciudadanos inocentes se llama odio. Tan vulgar como eso. Primero secuestraban aviones, luego se inmolaban con cinturones de explosivos y ahora se meten en autobuses para apuñalar a sus viajeros. ¿Qué será lo siguiente?

Antonio Hualde

Abogado

ANTONIO HUALDE es abogado e investigador de la Fundación Ortega y Gasset

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