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LAS MUJERES Y EL VINO

Cristina Amézola: "El vino de Rioja sigue manteniendo su buen nombre"

María Isabel Mijares y García-Pelayo
jueves 22 de octubre de 2015, 10:26h
Actualizado el: 15 de febrero de 2016, 12:27h
Entrevistamos a Cristina Amézola Downes, propietaria y directora técnica de Bodega Amézola de La Mora.
Cristina Amézola: 'El vino de Rioja sigue manteniendo su buen nombre'
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¿Qué te interesa más del proyecto que te dejó tu padre, el viñedo o el vino?
Mi padre Íñigo Amézola y su hermano Javier nos dejaron, más que un proyecto, una historia. El relato de mi familia, que ahora continuamos escribiendo mi hermana María y yo.
En nuestra bodega siempre hemos considerado que el vino es una expresión del viñedo. El vino de Amézola lo elaboramos, exclusivamente, a partir de las uvas procedentes de nuestros propios viñedos de forma que nuestro concepto de vino consiste en trasladar las particularidades de nuestra tierra a la botella. Su situación, climatología, composición de la tierra y altitud, hacen de Torremontalbo (cuna de la bodega y las viñas) un lugar único dentro de Rioja Alta. Nuestro objetivo es que esa tipicidad de nuestros viñedos y varietales quede reflejada en el vino y a ello dedicamos la mayor parte de nuestros esfuerzos.

Tienes un auténtico château, ¿cómo ves a futuro tu proyecto?
En el futuro pretendemos ser lo que siempre hemos sido: un château tradicional que sigue el modelo de autoabastecimiento de uva y que elabora el vino desde la cepa hasta la botella. Entendemos que con el tiempo esta tarea es más compleja, ya que cada año surgen nuevas bodegas que producen millones de litros a unos precios muy bajos. Sin embargo, elaborando 300.000 botellas al año estamos en otra batalla. Apostamos por mantener y aumentar la calidad de nuestros vinos y ofrecer al cliente la mejor relación calidad-precio que podamos dar. Además, continuaremos ofreciendo un servicio personal a nuestros clientes y visitas. Somos una bodega familiar y queremos transmitirlo. Creemos que siempre habrá un hueco en los corazones de los consumidores para las bodegas que tenemos esta forma de entender el mundo del vino y por ello trabajamos cada día.

Tu bodega es una de las más bonitas de Rioja, ¿haces enoturismo?
Gracias por considerarla una de las más bonitas de la Rioja. La verdad es que el hecho de que sea uno de los pocos châteaux de la zona la hace muy atractiva a los viajeros. En Bodegas Amézola hacemos visitas guiadas a los viñedos, a las instalaciones y a los calados del siglo XIX donde continúa la crianza en botella del vino hasta su comercialización. Estas cuevas subterráneas son de lo que más llama la atención a las personas que nos visita, porque en La Rioja no hay muchas bodegas que cuenten con ellas. Por otro lado, también existe la opción de poder comer en el comedor de la bodega tras la visita.
Como novedad hemos introducido una serie de actividades para que los viajeros puedan vivir la experiencia del vino en primera persona. Así dependiendo de la época del año, los visitantes podrán realizar los trabajos propios de ese momento. Por ejemplo: durante la vendimia pueden vendimiar, realizar el tradicional pisado de la uva y después medir el potencial grado alcohólico del mosto que ellos mismos han obtenido. Además, disfrutan de un típico almuerzo riojano en las viñas.

¿Eres consciente de que el dedicarte al vino es una profesión dura?
Por supuesto, no creo que nadie que se dedique al vino considere que es un trabajo fácil. Cada vez se elaboran más vinos de calidad y a buenos precios en todo el mundo lo que beneficia al consumidor. A las bodegas nos afecta en la medida en que cada día debemos trabajar más duro para mantener la calidad de nuestros vinos y nuestro lugar en el mercado.
Sin embargo, quizás lo más duro de esta profesión es que la idea del control total sobre el negocio es completamente falsa. El vino no es tan solo el resultado del buen hacer de los trabajadores de una bodega o de la buena toma de decisiones de una gerencia, sino que depende de una serie de circunstancias climatológicas que afectan a la vid, a la uva y, por tanto, al vino y que se escapan al control humano. La verdad es que genera una verdadera sensación de impotencia saber que el trabajo ha sido bueno pero que el resultado no depende exclusivamente de él.
Recuerdo que en 1999 tuvimos una helada en el mes de abril y después una granizada en julio que se llevó el 60 % de nuestra producción. En el 2003 hubo una sequía generalizada que hizo que tanto la producción como la calidad del vino menguara. Esta ha sido la única añada de la que la bodega no comercializó sus vinos por no tener la suficiente calidad.

¿Has llegado ya a tu meta en la comercialización en España? ¿Y en la exportación?
Somos inconformistas. Cuando alcanzamos una meta, nos ponemos otra. A nivel nacional estamos muy contentos, sobre todo en la cornisa cantábrica, donde contamos con unos distribuidores fantásticos. En España la competencia es feroz. Dado nuestro tamaño y forma de entender el vino, la mayor parte de las veces preferimos contactar directamente con el cliente final, bien sean restaurantes, tiendas especializadas o incluso distribuidores que comparten la misma filosofía. Contamos con un fiel club de amigos de Bodegas Amézola de la Mora que ya cuenta con más de 3.000 socios, con miembros españoles y extranjeros. Nos gusta estar cerca del cliente final para captar sus sensaciones y necesidades.
La bodega nació con una clara vocación por la exportación. En algunos países como Reino Unido, Holanda o Suiza llevamos presentes más de 25 años con los mismos importadores con los que comenzó mi padre, a los que ya consideramos amigos más que clientes. Después hemos seguido ampliando nuestros horizontes a Alemania, Austria, Estados Unidos, varios países Iberoamericanos, China,… estamos presentes ya en 23 mercados internacionales. Parece que el mundo nunca es suficiente en cuanto a la venta de vinos se refiere.

¿Qué te gustaría escribir sobre el vino?
Nuestro Viña Amézola crianza un vino que ha acompañado a la bodega desde sus inicios. Mi padre y mi tío dieron hace 30 años con la fórmula mágica para elaborar nuestro vino tinto crianza y que a día de hoy continuamos utilizando en la bodega: 85 % tempranillo, 10 % mazuelo y 5 % graciano. Por supuesto, hemos introducido algunos cambios, ahora seleccionamos las uvas más aptas para ser crianza desde la propia vid y las elaboramos en depósitos independientes. Además, hemos alargado el tiempo de crianza en barrica (60 % roble americano, 40 % francés) de 12 a 15 meses para terminar de redondear el vino. Este Viña Amézola crianza 2010, junto con el reserva y el gran reserva, son nuestros estandartes de Rioja clásico, que hemos evolucionado pero no revolucionado.
En otra línea tenemos nuestros Íñigo Amézola, blanco y tinto, fermentados en barrica. Son vinos monovarietales con uva seleccionada de nuestras parcelas más particulares, con pocos meses de barrica y mayor extracción de color, en los que destaca la fruta. Podemos decir que estos vinos son una reinvención del Rioja.

¿Crees en las reglas de armonía de vinos y platos?
Creo en las reglas de armonía de vinos y platos pero sobretodo en que las reglas están hechas para saltárselas. El paladar difiere tanto de unas personas a otras que lo que a uno le parece perfecto a otro puede no gustarle tanto. Por ejemplo, tengo un amigo que me preguntó cuál era la temperatura óptima para catar nuestro Viña Amézola, tinto, crianza. Yo le dije que entre 16 y 18 grados y me dijo que a él le gustaba más frío. Así que le contesté: “¡Tómatelo como quieras! ¡Como más te guste!”. Yo no puedo saber cómo está percibiendo algo otra persona. Cada uno conoce cuáles son sus gustos y no debería adaptarse a normas externas.

¿Piensas que Rioja sigue teniendo la hegemonía que tenía en el mercado?
Desde hace unos años las zonas de producción de vino, tanto a nivel nacional como mundial, se han multiplicado, creando una gran competencia en los mercados. El vino de Rioja, gracias a su calidad y tradición, sigue manteniendo su buen nombre y siempre habrá un hueco para él en el mercado. Sin embargo, ya no goza de la hegemonía que tenía hace tan solo 25 años y cada vez habrá que esforzarse más para mantenerse y abrir nuevos espacios.
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