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SCIOLI PARTE COMO FAVORITO, AUNQUE UNA SEGUNDA VUELTA ES MUY PROBABLE

Argentina acude a las urnas en busca de una solución para el kirchnerismo

De izquierda a derecha, Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa. Fotos: EFE Imágenes
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De izquierda a derecha, Daniel Scioli, Mauricio Macri y Sergio Massa. Fotos: EFE Imágenes
sábado 24 de octubre de 2015, 19:01h
Cristina Fernández de Kirchner puede conocer este domingo, si no se requiere de una segunda vuelta, algo inédito en la democracia argentina, a su sucesor al frente de la Casa Rosada. El peronista Scioli, enfrentado con la presidenta saliente, se postula como el gran favorito, por delante del conservador Mauricio Macri y del izquierdista Sergio Massa. Algo más de 32 millones de argentinos tienen la decisión en sus manos en unos convulsos comicios en los que se teme se produzcan numerosas irregularidades.

Este domingo, algo más de 32 millones de argentinos están llamados a las urnas en las primeras elecciones presidenciales después de doce años de Gobierno del matrimonio Kirchner. En juego está, no sólo escoger al quincuagésimo quinto jefe del Ejecutivo, sino también a once gobernadores, 130 diputados (la mitad de la Cámara) y 24 senadores (un tercio de los asientos).

Hasta seis candidatos, el número más bajo desde 1983, se presentan a los comicios tras la criba electoral de las primarias del pasado 9 de agosto. Eso sí, sólo la mitad cuenta con opciones reales de alcanzar la Casa Rosada: Daniel Scioli, del Frente para la Victoria, la formación oficialista; Mauricio Macri, cabeza de lista de la alianza Cambiemos; y Sergio Massa, al frente de la coalición Unidos por una Nueva Alternativa.

Estas elecciones generales llegan en un clima de inestabilidad política, social y, sobre todo, económica, amén de unos sondeos que auguran que, por primera vez en la historia de la democracia argentina, podría hacer falta una segunda vuelta para dirimir quién es el vencedor.

Según la legislación nacional, para hacerse con la Casa Rosada en primera instancia, el candidato ganador debe obtener un 45 por ciento de los votos o un 40 por ciento siempre y cuando tenga una ventaja de diez puntos sobre el siguiente contendiente.

Así, con la ley y los sondeos previos en la mano, la posibilidad de una segunda votación, a celebrarse el próximo 22 de noviembre, es bastante real, toda vez que Scioli cuenta con una intención de voto del 38 por ciento, Macri del 30 por ciento, y Massa del 20 por ciento.

Tres ‘perros viejos’

Hasta la fecha es Daniel Scioli (58 años), excolaborador de Carlos Menem y del difunto Néstor Kirchner, el que cuenta con un mayor número de adeptos, aunque podría ser el primer ganador que requiera de un segundo asalto para poder hacerse con el poder.

Vicepresidente entre 2003 y 2007 y gobernador de la provincia de Buenos Aires, es un rostro muy popular en el país desde que era piloto de lanchas, actividad que le llevó a perder un brazo.

A pesar de que es el candidato del continuismo, muchos auguran que con él llegará la muerte del kirchnerismo. En lo que es una paradoja muy propia del país, una victoria de Scioli podría hacer que el oficialismo, reunido en torno al Partido Justicialista, fuera desplazado por el peronismo disidente, lo que arrinconaría a los seguidores de Kirchner.

No son noticia las desavenencias entre la presidenta saliente y Scioli, que no era la opción de Kirchner para representar el continuismo. Sin embargo, el carisma y peso del gobernador de Buenos Aires acabaron por convertirle en el candidato presidencial, mientras que Cristina ‘colocaba’, en lo que era una victoria menor pero simbólica, a uno de sus más estrechos colaboradores, Carlos Zannini, como ‘número dos’ en las listas.

Para apuntalar su liderazgo, Scioli, a su vez, ha estrechado las alianzas con gobernadores de regiones estratégicas (Salta, Misiones y Entre Ríos), a los que muchos dicen que podría asignar carteras ministeriales en caso de alzarse ganador este domingo.

Este turbulento panorama ha llevado a muchos a pensar que el fin del mandato de Kirchner no significa necesariamente su despedida de la política, una rumorología que ella misma se ha encargado de alimentar después de comentar en broma que podría regresar en los comicios de 2020.

Por lo pronto, la presidenta saliente abandona el cargo con un elevado grado de valoración (el 40 por ciento aprueba su trabajo) entre sus compatriotas y una gestión plagada de sombras, entre las que destaca el turbulento caso de la muerte del fiscal Alberto Nisman en enero de este mismo año.

Por su parte, Mauricio Macri (56 años) es otra figura con un largo recorrido en la vida social y política pampera. De familia empresaria, siempre se ha cultivado en torno a él cierta imagen de ligón, si bien está casado por tercera vez y es padre de cuatro hijos.

Su liderazgo al frente de Propuesta Republicana (PRO), un compendio conservador de experonistas, activistas y jóvenes, ha logrado romper con el histórico bipartidismo argentino. Su principal aval es su gestión como alcalde de Buenos Aires, un cargo que ha ostentado durante los últimos ocho años.

Además, también se le recuerda su paso como máximo dirigente del club Boca Juniors, uno de los históricos del fútbol nacional y al frente del cual estuvo doce años entre 1995 y 2007.

Sin embargo, esta vinculación ‘xeneize’ no le ha valido el apoyo del que es, sin duda, el mayor icono del fútbol argentino. Diego Armando Maradona, es jugados y figura venerada en Boca, hacía esta misma semana campaña en las redes sociales a favor de Scioli, un candidato “confiable y que se siempre se comprometió con las necesidades de la gente”, según él mítico 10 de la albiceleste.

Por último, el peronista disidente Sergio Massa (43 años) es el tercer candidato en liza con opciones reales y artífice de la campaña más agresiva de todos los contendientes, lo que le ha valido incrementar su intención de voto en más de un 50 por ciento en las últimas semanas gracias, entre otras cosas, por su buena gestión en la localidad de Tigre, a 30 kilómetros de la capital.

A pesar de los esfuerzos de Macri por atraer a Massa y combatir de manera conjunta contra el oficialismo, lo que daría como resultado una proyección de voto en torno al 60 por ciento, el peronista no ha cedido por el momento y se mantiene a la expectativa de lo que suceda en la jornada final.

Es en las filas de Massa donde se encuentra el punto español de la campaña, pues uno de sus principales asesores es Antonio Sola, que ya trabajó como colaborador en las campañas de Mariano Rajoy o del mexicano Felipe Calderón.

Los otros tres candidatos que han logrado llegar hasta los comicios pasando el filtro de las primarias son Margarita Stolbizer (Frente Progresista), la única mujer todavía en la carrera presidencial; Nicolás del Caño (Frente de Izquierda) y el expresidente interino en 2001 Adolfo Rodríguez Saa (Compromiso Federal).

Una campaña turbulenta

Como casi todo en Argentina, la campaña electoral ha estado plagada de extremos. Si bien el pistoletazo oficial fue el pasado 23 de septiembre, el país está con la mente puesta en las urnas desde hace meses.

El hecho de que concluya la denominada ‘Década k’, las tres legislaturas conjuntas de Néstor (una) y Cristina Kirchner (dos) le da un cariz de importancia aún mayor si cabe. Sin embargo, no ha faltado el juego subterráneo y las malas artes.

La campaña ha estado plagada de acusaciones cruzadas de amaño, corrupción y toda clase de ilegalidades que han llegado a desembocar, incluso, en sospechas de financiación ilegal de partidos y en un feo caso de presunto espionaje por parte del oficialismo a políticos, jueces y empresarios críticos con el Gobierno de Kirchner.

Por otro lado, todo un hito supuso el primer debate presidencial en la historia democrática del país del pasado 4 de octubre. Aunque todos los candidatos, menos Scioli, que se negó a participar, lo que le valió durísimas críticas por parte de la opinión pública, eludieron los grandes asuntos, sólo el hecho de que se prestaran al nuevo formato da buena cuenta de la necesidad de movilizar al electorado este domingo.

Poco protagonismo le han querido dar los candidatos a los grandes problemas del país, en especial a lo tocante con lo económico. Argentina, tras años de crecimiento, no acaba de estabilizarse ni de situarse como país emergente. Es más, sus cifras preocupan cada vez más. El FMI prevé una contracción de su economía para el año que viene del 0,7 por ciento, sus reservas han retrocedido hasta los 10.000 millones de dólares, según Moodýs; la inflación ronda el 25 por ciento (la segunda más alta de la región tras la venezolana), 18 millones de argentinos viven de los subsidios estatales y el paro ha escalado hasta el 15 por ciento (aunque el Gobierno lo baja hasta el 6 por ciento).

Esta situación se agrava toda vez que el Gobierno nacional tiene cerrados los circuitos de financiación internacional habituales después de la guerra abierta en los juzgados de Nueva York con los denominados ‘fondos buitre’.

En este contexto, especial relevancia, muy a su pesar, han cobrado los candidatos a heredar de Axel Kiciloff la cartera de Economía. Mientras Scioli se decanta por Silvia Batakis, con un importante bagaje a nivel provincial en Buenos Aires, Macri no acaba de decantarse por Alfonso Prat-Gray o por Rogelio Frigerio, ambos muy vinculados al sector bancario. El exministro Roberto Lavagna es la opción, por su parte, de Massa.

La clave: Buenos Aires

Aunque el ceso argentino contempla la llamada a las urnas de 32 millones de ciudadanos, lo cierto es que gran parte de los comicios se dirimen en la provincia capitalina, más grande que Italia, donde acudirán a votar 12 millones de electores.

Desde 1983, quien logra hacerse con la victoria en Buenos Aires acaba ocupando el sillón presidencial en la Casa Rosada, por lo que es en la megaurbe capitaliana, tradicional bastión del peronismo, donde los tres candidatos están redoblando sus esfuerzos con tal de rascar el mayor número de votos de última hora.

Además, otra de las grandes claves será el grado de corrupción que pueda ensombrecer las elecciones. Históricamente, los comicios presidenciales argentinos han estado plagados de irregularidades y los de este domingo a buen seguro que tendrán su grado de ‘trampas’, según los analistas locales.

No son pocas las voces que claman por una urgente reforma de la ley electoral que combata los numerosos casos de las conocidas ‘calesitas’ (votos ya preparados entregados en masa), el robo de papeletas de determinadas fuerzas políticas en según qué localidades o el computo de urnas “embarazadas” (con votos dentro antes de abrirse los colegios).

En este sentido, Macri, que sospecha que el oficialismo recurrirá a toda clase de tretas ilegales con tal de no ceder poder, ha pedido a los fiscales que actúen como “ninjas del escrutinio” y ha solicitado a la comisión electoral que redoble la vigilancia en todos los colegios en aras de evitar irregularidades.

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