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MIRADA ESCOLÁSTICA

De la llamada perspectiva de género

sábado 24 de octubre de 2015, 18:24h

Parece ya inevitable que todos los partidos nacionales se rindan y se postren ante los altares anticulturales y bárbaros de la ideología de género. La intención de la llamada así ideología, que se añade a la dictadura mental de lo políticamente correcto, policía del pensamiento siempre con la porra levantada por si se nos ocurre pensar con libertad, podrá ser buena – nadie lo niega -, pero su metodología e implicaciones ideológicas son gravísimas de todo punto. La ideología de género, como toda ideología totalitaria, no permite el más mínimo desviacionismo, y cualquiera que le hace un reparo es castigado prácticamente con la marginación política y social, arrostrando un manantial inagotable de amarguras y desgracias. Los políticos la fortalecen más por miedo que por convencimiento, esclavos de su poder inmenso, a fin de no quedar secluidos de la sociedad política, barzoneando solitarios en los márgenes del apetitoso poder.

La ubicua y omnímoda utilización del programa “Nombra” por parte de la Admnistración, en la comunicación externa e interna, hace a la Administración un ente agramatical, y eso es grave cuando, como ya dijera Nietzsche, la gramática correcta genera el pensamiento correcto. Y mucho más grave cuando el Estado, “eso” que llamaba Hegel “el Saber viviente” incurre en la agramaticalidad políticamente correcta. El androcentrismo que la perspectiva de género quiere ver en el urbanismo de las ciudades, en cuanto que la estructura de las ciudades ha llevado a dividir los espacios productivos y los espacios domésticos, es una sandez mayúscula, cuando las zonas fabriles se separaron de “las reproductivas” por salud y bienestar de éstas mismas, y que fue el progreso social el que alejó a los barrios obreros de las insalubres zonas de trabajo a principios del siglo XX. Sólo hace falta leer a los urbanistas de la Revolución Rusa, que soñaban el construir casas en hermosos árboles gigantes, para ver que esto fue así.

Pero el totalitarismo de la perspectiva de género es lo peor: ya en algunos temarios de oposiciones a personal funcionario se incluye un módulo sobre “igualdad de género”, que se tiene en cuenta en la valoración de méritos. La perspectiva de género como credo político e hipóstasis y cimentación del Estado. La propia Administración se permite la facultad sin el consentimiento del Poder Judicial de no conceder contratos o subvenciones públicas a aquellas empresas que no comulguen con arrobo con la ideología de género. Vocablos como “empoderamiento” y expresiones como “visibilizar el papel de la mujer en la creación cultural y artística”, “estereotipos de género”, “perspectiva de género”, “segregación horizontal”, “familias monomarentales”, “observatorio de género” “carnet de familia monomarental” o “techo de cristal” forman un rizoma de dogmas sobre el que se yergue la nueva religión.

El disparate teórico ha ocurrido por un problema metodológico básico: se analiza lo femenino desde lo femenino, en una visión antropológica emic, en la que es imposible encontrar certezas científicas, desaprovechándose los derechos que a la mujer ya había concedido la Revolución Francesa en su época de la Asamblea Nacional (Condorcet, Prudhomme, Guyomar, Fabdre d´Eglantine, Chaumette, Romme, Amar, Santerre, Lequinio…) y aniquilándose de raíz toda cortesía y galantería masculinas. Pues lo cortés y la delicadeza son los mayores enemigos políticos de la perspectiva de género. Los girondinos desearon otorgar a las ciudadanas, desde la gentileza política y la sensibilidad humana, los mismos derechos políticos de que ellos gozaban, pero la izquierda jacobina les cortó la cabeza.

A veces combatir los estereotipos significa subvertir la naturaleza de las cosas. Y no se para a los malnacidos que hacen daño a sus mujeres con una filosofía totalitaria, cercana a la religión, sino con leyes sensatas que aplasten al que abuse de su fuerza y su egoísmo desaprensivo. ¡Viva las mujeres! ¡Lo más bello, sensible, laborioso e inteligente que habita la Tierra! Por otro lado, no está claro que las mujeres puedan liberarse a sí mismas solas – como las naciones de las que hablaba Churchill -, sin el concurso de los hombres buenos y civilizados que sienten hasta las entrañas que estas compañeras de la vida tienen los mismos derechos políticos, civiles y laborales que ellos. ¿Las conquistas obreras se lograron sólo por la lucha de clases y el movimiento socialista? Me temo que no. En el mundo capitalista las grandes conquistas obreras se consiguieron merced a gobiernos liberales y conservadores humanistas, que vieron claramente ( de hecho, lo dijeron – Disraeli - ) que la paz social es injusta sin justicia social. Pues del mismo modo la emancipación de la mujer no se conseguirá sin hombres bien educados que se sumen a los que queremos que la mujer, siendo ya de por sí mucho mejor que el hombre, sea también igual al hombre con los mismos derechos políticos y sociales, como ya lo es, gracias a Dios, en amplias esferas sociales.

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