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'TIRO CON ARCO'

Pesimistas y cenizos

Dani Villagrasa Beltrán
domingo 25 de octubre de 2015, 16:48h
Actualizado el: 25/10/2015 17:55h

En el mundo angloparlante, la economía es una ciencia relacionada con la depresión y el pesimismo. Es el reino del ‘no se puede’. Habitualmente, los economistas siempre están con la misma cantinela: lo que va bien puede ir mal, lo que va mal puede ir peor. La economía no se permite un capricho, porque si lo hiciera dejaría de llamarse economía.

Cenizos. Esa fue la palabra del presidente del Gobierno, en el momento más oscuro de la crisis, para los pesimistas.

Esta semana, PSOE y Podemos han presentado sus programas económicos para las próximas elecciones del 20 de diciembre. El partido del Gobierno no ha exhibido semejante documento porque, en realidad, su programa económico son los Presupuestos Generales del Estado para 2016. Ciudadanos lleva ya tiempo presentándolo por entregas, como si fuera un folletón.

El de Podemos es un programa económico campanudo, porque promete terminar con la mismísma pobreza.

Los economistas están torciendo mucho el morro, cuando escuchan hablar a los políticos. Esta semana, el gobernador del Banco de España recordaba que no se puede aflojar la lucha con el déficit. El equilibrio presupuestario es algo así como un recordatorio del dolor. Et in Arcadia ego.

Hay quien piensa que todo va a quedar en papel mojado conforme llegue la cuesta de enero. Las promesas electorales, gobierne quien gobierne, sufrirán el rodillo de la austeridad.

Es la impronta de los profetas del apocalipsis. De los ‘cenizos’, como los llamó Mariano Rajoy. Suelen ser gente brillante, con amplitud de miras. Pero, pase lo que pase, ahí están para recordar que todo puede irse por el desagüe.

Tarde o temprano aciertan, claro. Llegó la crisis y todos los aficionados al mal fario dijeron: “Lo sabía”. Y, a sus allegados, “te lo dije”. “Lo sabía” y “te lo dije” son las dos frases que otorgan satisfacción a los informados, a los pesimistas. A los economistas.

España se despierta con un ligero jet lag este domingo. Cambia la hora y a medida que cunde la tarde, la extrañeza se apodera del ocioso ciudadano. Los que madrugan saldrán a trabajar de día este lunes.

Por delante queda una larga y martilleante campaña electoral. El país está sometido a un estrés emocional de intensidad inédita. La nueva política entra a discutir en un bar de abuelos de Barcelona y los telespectadores fijan la mirada abismal en los aspirantes a gobernar este naufragio.

En perspectiva, los sucesos del 98 quedan casi en nada. Juegos de niños. España se está mirando con una lupa de muchos aumentos. No se trata de haber perdido Cuba, ni Filipinas, no se trata de perder el imperio colonial. Se trata de despertar en la Europa de la moneda única con debates constantes sobre la propia identidad. En los territorios fundadores.

Cuando llegue enero escucharemos muchos “lo sabía”. Muchos “te lo dije”. Pero, de momento, dejemos que nos prometan. Que nos embauquen. Que nos mientan.

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