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Carta a Mariano Rajoy

martes 03 de junio de 2008, 23:02h
Estimado amigo Mariano Rajoy:

Nunca fue costumbre mía meter la cabeza en casa ajena si al destino de la propia -que es España- no le fuera en nada su desdicha. Permíteme que lo haga ahora, si quiera para advertirte que en la tuya no eres tú el único que yerra con la brújula y su gesto, ni tampoco el único aplastado por el peso de las ambiciones ni varado a la sombra incesante de la perplejidad. Pero siendo como eres el presidente del principal partido de la oposición de lo que antes entendíamos como España, y no siendo un asunto menor para nuestra estabilidad democrática lo que ocurre entre tus inquilinos, me veo en la obligación de dirigirme a ti con toda la franqueza de la que soy capaz para decirte que en modo alguno estás leyendo bien la partitura que nuestro país comenzó a entonar en los idus de marzo.

Si se confirma que el viraje al «centro» que propones para tu partido consiste en establecer un marco más amable de relaciones políticas con el mundo nacionalista, estarás cometiendo un enorme error, no sólo por las dificultades que supone borrar en un solo día la imagen que la derecha se labró a pulso en los territorios históricos, sino porque estarás echando en saco roto ese medio millón de votos de centro izquierda que vieron en tu partido -como en el de Rosa Díez- la única fuerza capaz de detener la práctica desarticulación de las capacidades del Estado llevada a cabo por la política territorial de un presidente cuyos delirios le han forzado a olvidar que vino de la izquierda, y que al cabo le están impidiendo conocer adónde va. Y hubieran sido más, te lo aseguro, si con el pretexto de controlar el proceso que habéis llegado a creer inevitable, no os hubierais prestado a participar en ese mismo juego, ayudando a sacar adelante estatutos autonómicos que nadie demandaba y que, lo queráis o no, os han convertido en cómplices de lo que tú mismo, con tanto vigor, denunciabas en el parlamento como un atentado real a la igualdad, a la libertad y a la solidaridad de todos los españoles.

Y tal vez hubieran sido legión, Mariano, te lo aseguro, si la dirección de tu partido hubiera tenido el valor y el coraje de marcar distancias con una iglesia católica cuya jerarquía ve demonios donde no los hay y se muestra absolutamente incapaz de ver con naturalidad los cambios acaecidos en una sociedad moderna como la nuestra; a la Iglesia Católica le ha venido extremadamente bien que os hayáis prestado a ser los peones en una infantería de lujo destinada a mantener su preeminencia social y a detener los cambios de la historia, pero a vosotros, y a ti en particular, os han impedido ser merecedores de la confianza de esa España tranquila cuya implacable voz contra los privilegios habíais sabido interpretar con un celo equiparable al de la admirable Rosa Díez, pero que no está dispuesta a transigir con el celo admonitorio de quien pretende meter mano en los espíritus para domar la libertad de su conciencia múltiple y libérrima. A lo mejor, Mariano, es ese el «centro» que España quisiera tener a su derecha, y no el de la transigencia con los privilegios de las tribus nacionalistas de quien, por tocar poder, parece dispuesto a pagar el peaje de la sinrazón a los bucles delirantes de la melancolía...

Un saludo
Carlos Morales

Carlos Morales

Director de El Toro de Barro

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