¡ARRESTE A LOS QUE APLAUDEN!
Artistas best-seller
Elena Viñas García
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elenavinaselimparciales/11/5/11/23
viernes 30 de octubre de 2015, 20:21h
Actualizado el: 30 de octubre de 2015, 23:58h
La literatura best-seller tiene adeptos y detractores. Están los que consideran que lo bueno es leer sea lo que sea y los que creen que la escasa exigencia de su contenido y factura contribuye al adormecimiento del lector, unas veces figuradamente y otras, literal.
A partir de este apunte me atrevo a hacer un símil con las exposiciones de Madrid, en las que tantas veces el recurso del artista de renombre salva los datos de visitantes, pues ¿qué sería del Prado, el Thyssen o el Reina Sofía sin Rubens, Cézanne o Dalí?
No se trata de poner en duda la calidad artística de estos pintores, una tarea pretenciosa en cualquiera de los casos, sino de preguntarse por el porqué de la expectación que generan y de si es posible hablar de una globalización de los intereses de la gente porque así como unas exposiciones atraen a mucho público - en contadas ocasiones -, en otras lamentablemente escasea.
Hay verdad en la relación causa y efecto de que donde se forma una cola algo tiene que haber, ya sea un cantante firmando su último disco, una promoción de galletas saladas del periódico gratuito o, por qué no, una exposición de un grande de la pintura. Uno de esos por los que se pasaba de puntillas en el colegio, pero que ha perdurado en la memoria, aunque sin excesos porque conocer alguna de sus obras o la corriente a la que perteneció es de notable alto. Eso no importa. Importa estar o, más bien, poder decir que se ha estado. Asimilar e indagar sobre el artista y su obra es otra cuestión; de matrícula de honor.
Velázquez, Goya, Van Gogh, Picasso o Dalí son algunos de esos nombres garantes de éxito. Bien lo saben los museos, conscientes de la variedad d gustos culturales y sabedores de que los visitantes son su salvaguarda, los que justifican su existencia, aunque pocas veces puedan celebrar que se formen colas a sus puertas.
Uno de los últimos ejemplos de este fenómeno de atracción multitudinaria por ver la obra de un artista fue la retrospectiva que dedicó el Reina Sofía a Dalí. Otro lo protagoniza estos días Kandinsky en CentroCentro Cibeles o, lo que es lo mismo, el Ayuntamiento de Madrid, que cobra la entrada a 11 euros por ver 100 obras mientras que el Prado cobra 14 por ver una colección permanente en la que solo en las salas de pintura del siglo XIX hay expuestas casi doscientas.
Está comprobado que el arte y los artistas pueden ser explotados comercialmente y promocionalmente de la misma manera que hay autores que venden libros solo por su nombre o actores que atraen al cine a espectadores solo por su rostro.
Dado que nadie puede esquivar las imposiciones del sistema, también cultural, los museos se benefician del poder de persuasión de los artistas más conocidos al tiempo que contribuyen a que la gente se culturice en esta materia, aunque sea esporádicamente y motivada por cumplir con la tarifa básica cultural.
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Jefa de Cultura de El Imparcial
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elenavinaselimparciales/11/5/11/23
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