Turquía y su baja calidad democrática
martes 03 de noviembre de 2015, 09:07h
El grupo de observadores de la Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa -OSCE- mostraba ayer su inquietud por el desarrollo de la campaña electoral turca, que culminaba este domingo con la mayoría absoluta obtenida por el partido de Erdogan. En sus conclusiones, se llegaba a decir que “las desafiantes condiciones de seguridad, particularmente en el sudeste, junto a un alto número de incidentes violentos, incluidos ataques contra miembros de partidos y personal de campaña, así como a locales de partidos, obstaculizaron la capacidad de los participantes a hacer campaña libremente”.
A esto hay que añadir la alarmante falta de pluralidad informativa de un país cada vez con más censura. Son pocos los medios críticos con un gobierno que lleva tiempo persiguiendo a quienes opinan diferente, y que no duda en cerrar emisoras o encarcelar a informadores críticos. La propia OCDE ha alertado de ello en su informe.
Así las cosas, no es de extrañar que Erdogan haya pedido “respeto” a la comunidad internacional en un tono más que desafiante. Pero es por cuestiones así por las que Turquía tiene prácticamente imposible formar parte de la UE. El respeto a los derechos humanos, la libertad de expresión y la transparencia en materia de corrupción son ciertamente mejorables. Y hasta que dicha mejora no se produzca de forma ostensible, Turquía seguirá estando bajo sospecha.