www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

TRIBUNA

Afganistán: no es país para Julietas

miércoles 04 de noviembre de 2015, 20:29h

Un escalofriante vídeo lleva desde este martes colocado en el escaparate de Internet para mostrarnos, una vez más, que en determinados lugares de este universo nuestro lo que quiere disfrazarse de justicia es únicamente barbarie. Salvajismo, por otra parte, que se ensaña especialmente con las mujeres. El último caso del que hemos tenido noticia nos lleva hasta Afganistán, hasta una de las zonas rurales de ese país en perpetua guerra donde los talibanes han vuelto a hacerse fuertes y aplican la Sharia con su particular visión integrista. En el vídeo al que hacía referencia – por si alguno ha tenido la suerte de no toparse todavía con él – lo que se ve es a una joven de 19 años, Rokhshana, sometiéndose a la pena que contra ella se había decretado en un tribunal talibán: la muerte a pedradas, es decir, la lapidación a manos de un grupo de cafres. ¿Su delito? Haber intentado escapar de un matrimonio forzoso con el hombre que su familia había elegido para ella. No era la primera vez que lo intentaba, su desesperación venía de largo. Hace dos años, Rokhshana logró salir del país y llegar a Irán pero su familia la encontró y la llevó de vuelta a Ghalmin, la pequeña comunidad campesina en el centro del país donde nació.

En esta ocasión, la joven afgana no emprendía la huida en solitario. Enamorada de un chico de 23 años, Mohammad Gui, con el que mantenía relaciones, ya no valía solo con traerla de vuelta a casa para que se casara con quien demonios tuviera que casarse. Esa relación prohibida había dictado su sentencia de muerte. Rokhshana había cometido adulterio y la pena correspondiente para castigar dicho delito, de acuerdo con los talibanes y jefes tribales de su pueblo, es morir lapidado. Eso sí, solo si quien delinque es una mujer. Porque para el amado de Rokhshana, pillado igualmente infraganti mientras trataban de huir, la pena ha consistido “solo” en 100 latigazos. Por supuesto, donde más ampollas ha levantado el terrorífico vídeo ha sido allí, en Afganistán. Más en concreto, en aquellos afganos que continúan luchando para que su país no esté dominado por el extremismo religioso y siguen esperando que el actual Gobierno defienda de verdad los derechos de las mujeres. Porque, a pesar de que los talibanes no gobiernen desde 2001 y de los millones de dólares con los que Estados Unidos y Europa colaboran para conseguir la igualdad y la defensa, las afganas siguen estando sometidas, de manera especial en las zonas agrarias, y el foco del Gobierno parece alumbrar con demasiada tibieza. De modo que aunque la lapidación esté prohibida en el país, la de Rokhshana no ha sido la primera desde que en 2001 se echara a los talibanes del poder y está claro que no será la última.

De hecho, lo primero que uno se pregunta es cuántas lapidaciones habrá que no salgan a la luz, que jamás lleguemos a conocer. La salvaje ejecución de esta Julieta afgana ha salido a la red, porque ya nos parece – a los talibanes también – que algo no ocurre si no se graba con el móvil para la posteridad de las redes sociales. En el vídeo se observa a varios hombres apuntando con sus móviles a otros que, a su vez, apuntan a la chica con las piedras. Y se escuchan los golpes secos de los pedruscos mientras resuenan los gritos de la condenada y el llanto de una mujer, probablemente su madre. Sin esas imágenes difundidas por Radio Europa Libre, consorcio periodístico internacional en favor de la libertad de expresión e información, nunca habríamos conocido el trágico destino de Rokhshana, la mujer que quiso luchar por llevar a cabo su sueño en un lugar donde solo les está permitido soñar a unos cuantos, los mismos que deciden cómo deben vivir las mujeres. Y de qué manera deben morir en caso de rebelarse.

Alicia Huerta

Escritora

ALICIA HUERTA es escritora, abogado y pintora

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (15)    No(0)

+
0 comentarios