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DESDE ULTRAMAR

Regresó la Fórmula 1 a México

jueves 05 de noviembre de 2015, 20:17h

Ha causado más furor que protesta. Ha generado muchas expectativas y fue recibida con más ilusión que desgano y sí, también por sesudas críticas razonadas sobre los dineros invertidos –sobre todo con fondos públicos en alianza que suman la desorbitante friolera de 360 millones de dólares– contribuyendo a rehabilitar el escenario idóneo, al considerar que tal ingente cantidad pudo emplearse en algo más provechoso. Pero correr otra vez la Fórmula 1 en México en el autódromo Hermanos Rodríguez de la capital mexicana (1959), dejándolo brillante para tan fausta ocasión, ha sido valorado de forma muy positiva, porque se sobreentiende que significa empleos, promoción turística y un incomparable detonador de la economía. México siempre será contrastante en materia informativa y ya deberíamos de estar acostumbrados a ello, esperando cualquier cosa. Hoy tocó abordar la Fórmula 1. 185 países la vieron. Así nos las gastamos.

Con un lleno casi absoluto, una cobertura total y todo un sofisticado tinglado montado alrededor de la justa automovilística los días 30 y 31 de octubre y 1 de noviembre de 2015, han dejado muy conformes a la mayoría de quienes la atestiguaron, in situ y por televisión abierta. El espectáculo brindado contó con la curiosidad y la entrega del público mexicano –a dieta de una carrera automotriz de la calidad de semejante Grand Prix, desde 1992– y que se ha gastado lo indecible para asistir. Ha rebasado a la protesta y ha provocado los valorados elogios de conocedores del tema, como fue el caso del mítico Niki Lauda, destacada figura de la actividad; todo lo cual me permite considerar que la noticia de la reanudación de El Gran Premio de México de la Fórmula 1, es asaz afortunada. Días soleados enmarcaron la ocasión. No era poco tras un huracán.

Y sí, se requiere una mejor organización al amparo de los cinco años restantes programados; requerimos que la derrama económica se amplíe, que el empresariado involucrado cuide la vela, que el camino es largo y no se engolosine voraz porque perderá el gran negocio a manos de otras ediciones; que piense a largo plazo, pues es menester considerar que si la inversión descomunal del primer año (2015) contribuyó a elevar los costos del boletaje, en adelante se acompañe de precios más asequibles para los años venideros. Y sí, deberá ser competitiva la oportunidad mexicana, porque tenemos otros grandes premios y ediciones cercanas como Austin, Montreal o Indianápolis, a los que siguen los aficionados mexicanos y ergo, El Gran Premio de México debe competir también en precios y costos, redundando a favor de los asistentes locales.

Ahora que ¡por fin! los aficionados no han debido desplazarse a otro país ni conformarse solo con ver las carreras de autos por televisión de paga y se ha ampliado el número de afortunados espectadores; han palpado escuderías, pits, podios y arrancones, emociones desbordadas y un ambiente festivo y entregado sin par. Enhorabuena. Tantos años de ausencia no han menguado el ánimo de conocedores y curiosos por igual. Mi amigo Baldomero, con picardía notoria, me ha dicho: “he visto todo aquello que un caballero desea ver en un espectáculo de tal naturaleza”. Y no le falta razón.

Si diversas razones se entrecruzaron para que dejara de correrse aquí la Fórmula 1, complicándose su desenvolvimiento –pese a que desde 1962 dejó una verdadera etapa dorada, formidable– también contó con largos años deseando su triunfal regreso, debiéndose conjuntar varias condiciones para que retornara: disposición, recursos para traerla, figuras mexicanas metidas en el ajo y una afición entregada. Y en efecto, remarquemos que este año los precios han sido estratosféricos, pero entre promociones, reventa, renuncias de última hora a la localidad ya comprada y lo que usted guste y mande, se ha llenado el graderío. Por eso la afición mexicana merece mejores oportunidades de acceso. Respondió.

Y por supuesto que desde la semana previa vimos el paseillo de los figurones del automovilismo mundial, y hasta el rey emérito Juan Carlos se ha codeado por los pits saludando a sus compatriotas. No cabe duda que la Fórmula 1 siempre cuenta con su cuota de glamour, caché y encanto. Es una pasarela para ver y dejarse ver, porque sigue siendo glamorosa y seductora y supone sí, tener su cuota de frivolité. Desde luego que sí.

Tras consultarlos, recojo testimonios de amigos conocedores o que ha acudido solícitos a tan magno acontecimiento. René Lara, quien fungió como oficial de escrutinio y tyre checker para el equipo de Sauber Ferrari, apuntó: “Vivir la experiencia en el garage de Sauber es conocer lo más íntimo de un equipo, donde gente que trabaja día a día transmiten su sencillez y las ganas de ver su auto a punto ¡ante todos! Decir que casi un año de preparación, sacrificar tiempo y brindar esfuerzo y desvelos para lograr que México sea reconocido a nivel mundial (para ser) un icono en el automovilismo y ¡en eventos de este tipo!”. Un espectador, Roberto Johnson, me respondió: “No es un evento para cualquiera, no me refiero al derroche de dinero que esto ocasiona, sino que no es para cualquiera por todo el momento y concentración que lleva una carrera de F1. Aplauso para México y su afición. Mucha pasión y corazón.” Mi amiga Sofía, escribió: “Simplemente un fin de semana increíble, en donde la emoción se vivió al máximo y me hizo sentir súper orgullosa de ser mexicana”. Otra aficionada puso: “A mi me gustó mucho y considero que fue un éxito el evento, la organización fue buena y en general todo me pareció que cumplió con su cometido, incluso me hace pensar que si pusiéramos el mismo empeño en nuestra vida diaria, también nuestra sociedad tendría una gran mejora.” Francisco Bueron anotó: “Fue todo un éxito a pesar de los contratiempos ambientales. Tenemos una entrada de pits que podría llegar a resultar mortal hasta para el mismísimo Schumacher. A pesar de todo tuvimos a un Hamilton experto tomando las curvas sólo como los dioses lo harían, tuvimos a un Vettel muy reservado y cauteloso. La F1 fue todo un recorrido de emociones a alta velocidad llena de sorpresas. Nos merecíamos una F1 como la que tuve el honor de presenciar…”.

Yo sin ser aficionado al tema, no he podido ser indiferente a lo ocurrido. Es positivo el reposicionamiento del prestigiado certamen en tierras mexicanas. Si han salido las cosas a las mil maravillas, como se presume, entonces habremos garantizado su permanencia. Y a mejorar los detalles. Será un aliciente deportivo y económico sin precedentes. Lo merece su entregada afición, acercada a tal suceso por la transmisión en televisión abierta. Se nota la colaboración gubernamental, inclusive. Considero que la mejor parte del acontecimiento es la promoción del nombre de México, lo más valioso y acertado, unido a una marca prestigiada y pese a los costos de admisión o las escasas figuras mexicanas participantes, no obstante presentes. Que sea para bien.

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