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TRIBUNA

El deber y la coyuntura

Natalia K. Denisova
sábado 07 de noviembre de 2015, 19:43h

Un General del Ejército del Aire en la reserva ha entrado en Podemos. La polémica ya está en todas partes: la implicación de los militares en la política actual. ¿Sorprende de verdad que un militar, un ex altísimo cargo con Zapatero, forme parte del Podemos? Aparte de la valoración personal del hecho que realiza cada uno, el debate público surgió en torno a la participación de los militares en la vida política y hasta social. Es estéril esperar que los militares no se pronuncien sobre la situación política, vetando su derecho a decidir, ya que son ciudadanos de España, pero lo que no es aceptable es su implicación directa en cualquier proyecto político. La razón es la responsabilidad que tienen los militares ante todos los españoles, independientemente de sus simpatías políticas.

La vocación militar siempre irá acompañada del dilema entre el interés y el deber. El ejército, como otras instituciones sociales, se transforma y los soldados de ayer no son los militares de hoy. Comparar las vidas de hoy con las de ayer sigue siendo una herramienta esencial para entender las transformaciones de la milicia y la sociedad. La formación del ejército moderno va unida con la aparición del estado moderno a principios del XVI. Gran parte de la población se dedica a la carrera militar en espera de la remuneración y reconocimiento que llegan tarde o nunca. Muchos son los que alivian su quehacer arduo dedicándose a las letras: hasta bien entrado siglo XVII, los soldados son escritores y se dedican a escribir sus andanzas como Alonso Contreras, a hacer traducciones, superando al original, como Inca Garcilaso de la Vega, o a redactar obras literarias, en verdad, la novela más grandiosa de la literatura universal, como Miguel Cervantes.

Poco a poco el quehacer soldadesco se hace más exigente. El soldado, ya no es tan libre y aventurero, que actúa a la buena de Dios y a su arbitrio. Ahora sobre él pesa la razón del Estado, es decir, la política. El rigor y la disciplina externa lo atosigan, menguan su libertad de acción. Pero todavía persisten los espacios no usurpados por el Estado, no reglamentados, y es donde la personalidad del soldado todavía tiene un hueco para la expresión muy personal, singular y a veces estrambótica. He aquí la descripción de lo que eran los soldados del XVII fuera del campo de batalla: “Las levas van al paso de España, tardas y para después… Madrid está lleno de botas y capas coloradas; las calles bermejean como eran de pimientos; si galas y plumas matan, no nos quedará quehacer en Francia y Cataluña”.

El siglo de Luces es el siglo del esplendor del Estado, cuando triunfa el tipo de hombre que mejor lo representa: el funcionario. Aparece el militar, desaparece el soldado. Si el oficio soldadesco debía complacer al individuo que lo ejerce, es decir, aunque no llegaba la soldada, se dedicaban a las disputas, pasiones, andanzas, y un simple vagar por tierras extrañas… Ahora, los militares van dónde los mandan, hacen lo que les encomiendan, a lo sumo, cumplen lafunción, dictada por los intereses del Estado en el mejor de los casos y del monarca en la mayoría de ocasiones. Muchos fueron los militares que ocuparon puestos políticos de gran relevancia, por ejemplo, los virreyes en los territorios españoles de Américas. La exactitud en el cumplimiento de sus tareas siempre fue de lo más apreciado.

Las vicisitudes vividas por el ejército y los militares son infinitas. Hoy los militares se ocupan de lo más importante para un país con una frontera sur que siempre fue complicada: su seguridad. En cualquier caso, lo que persiste durante siglos en el militar es su vocación y el dilema entre el deber y los intereses personales que cada uno resuelve a su manera. Las generalizaciones son odiosas. No parece acertado poner en entredicho la honradez y dignidad de los militares o querer excluirles del todo de la vida pública. Al fin y al cabo son los primeros que se la juegan ante cualquier riesgo que corra el país. ¿Merece la pena ofenderlos con la duda? Si lo pensamos con sosiego, el General, el alto cargo de la época zapateril, ni siquiera ha cambiado de chaqueta: ha llegado al lógico final de su colaboración iniciada años atrás. ¿De dónde viene Podemos? ¿A quién ha fichado recientemente el PSOE, aparte de la ex diputada de la UPyD?

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